2 de octubre, retumban de nuevo las voces

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A 50 años de la masacre de Tlatelolco, a manera de homenaje a las víctimas presento este collage de las voces de aquel aciago día, apoyado en testimonios recogidos en los libros y documentos citados al final del texto:
“Bajo un cielo nublando, el mitin da comienzo. Unas 10 mil personas llenan la Plaza de las Tres Culturas. La multitud está conformada no sólo por estudiantes, sino también por padres de familia, niños, vecinos… / Desde la calzada de la Villa me di cuenta que el ejército tenía rodeada la Unidad y que los soldados iban armados con ametralladoras y fusiles y que había tanques. / De pronto, los soldados comienzan a ponerse pecho a tierra y a disparar hacia la multitud y hacia los edificios que rodean la plaza. La confusión es total. / Uno de los líderes del CNH grita: ‘Calma, compañeros, no corran, es una provocación!’ / Cientos de personas se guarecen unas sobre otras… las ráfagas de ametralladora y las detonaciones de los fusiles y pistolas, y los gritos y lamentaciones de
las víctimas llenan el aire.”
“El helicóptero disparaba y empecé a oír tiros en el cielo. Tiraban a lo bestia. / A mis lados vi a dos jóvenes disparando sobre la gente, al azar, aquí y allá, un grandote a mi derecha, un chaparrito a mi izquierda… disparaban a pecho descubierto. / De pronto sentí el balazo.
Aquí estoy en Tlatelolco, hoy 2 de octubre, tengo veinticuatro años. Me está saliendo mucha sangre.”
“El impacto de los proyectiles se imponía sobre los otros sonidos y una lluvia de
fragmentos producidos por las piedras de las ruinas bajo el impacto de las balas se batía sobre nuestras cabezas. / Cuando comenzó a disparar la ametralladora, dos compañeros, un muchacho y una muchacha de plano alzaron las manos para entregarse… pero hubo una descarga brutal contra ellos. / Algunos estudiantes entre nosotros habían caído, unos muertos, otros heridos. A mi lado estaba una muchacha que había sido tocada en la cara por una bala expansiva.”
“Se inicia una descarga más intensa que cualesquiera de las otras, que se prolonga más, más y más… Sesenta y dos minutos de fuego nutrido. / Vi a un niño de once o doce años que de pronto se incorporó un poquitito —niño al fin- y una bala le toca la mejilla… Su hermana de dieciséis años se puso a gritar histérica. / No era posible dejar de correr. Las balas nos pasaban por todos lados. Corríamos dos o tres metros a cubierto y tres o cuatro al descubierto. / Dentro del múltiple estallido de balas, se escuchó un disparo anormalmente fuerte… Una tanqueta”.
“Una ráfaga de metralla pasó rociando el lugar en donde estábamos. / A mis espaldas hubo gritos en los cubos de las escaleras. Las voces llegaron al tercer piso: ‘¡Ahora les vamos a dar su revolución, hijos de su puta madre!’. Miré a quienes gritaban: hombres jóvenes, sin uniforme, un guante blanco en una mano y pistola en la otra. / Una muchacha gritaba: ‘Asesinos, asesinos!’ La abracé, traté de calmarla pero ella gritaba cada vez más fuerte…le faltaba todo el pabellón de la oreja y sangraba. / Hermanito, háblame… ¡Una camilla, por favor! Hermanito, aquí estoy… ¡Una camilla!.. Hermanito, ¿qué te pasa?…
Hermano, contéstame. / Yacían los cadáveres en el piso de concreto esperando a que se los llevaran. Conté muchos desde la ventana, cerca de sesenta y ocho. Los iban amontonando bajo la lluvia…”

Fuentes bibliográficas: Elena Poniatowska, ‘La noche de Tlatelolco’ (1971): Luis González de Alba, ‘Tlatelolco aquella tarde’ (2016); suplemento conmemorativo del 2 de octubre, Gaceta UNAM (octubre 1, 2018).