Deficiencias en la atención a la salud mental

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El día de mañana, 10 de octubre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el Día Mundial de la Salud Mental, mismo que tiene el propósito de crear consciencia entre los gobernantes de los países miembros a que impulsen programas efectivos de prevención y atención a la salud mental de las poblaciones. No considero que el día represente un orgullo nacional, pues es evidente que México no destina los recursos humanos y económicos suficientes para tal fin. La deficiencia en los servicios y la descoordinación entre las instituciones asistenciales y de salud pública representan un compromiso ético con quienes padecen un trastorno mental o del comportamiento.
Aquí presento un listado de las deficiencias más significativas en México y que, en poco o mucho, también están presentes en el estado de Querétaro:
1. Acceso limitado a un servicio asistencial o institucional de salud mental para muchas personas, pues la derechohabiencia a un tipo de institución de salud suele ser un obstáculo. Los centros asistenciales y consultorios privados no están regulados y los costos suelen ser altos. La atención a domicilio está en inicios y además no cuenta con una metodología clara y presenta riesgos éticos.
2. Los servicios de atención pública se encuentran saturados y limitados para la atención solicitada. La demanda hoy en día deriva una cita de primera vez hasta el mes de enero próximo; los servicios de Psicología Clínica no tienen la capacidad para atender todo tipo de trastorno; y el tiempo de demora de una consulta a otra es hasta de dos meses. Seguimos sin contar con un centro hospitalario para un internamiento temporal. No existen programas institucionales de psiconeurorehabilitación.
3. La estigmatización de pacientes y familiares para solicitar ayuda profesional y la distorsionada información científica con la que cuentan genera un retraso en la atención inicial hasta de ocho años, presentándose muchas veces cuadros clínicos crónicos de difícil manejo terapéutico.
4. La deficiente formación académica del profesional en salud mental (psicólogos, psicoterapeutas, psicoanalistas, psiquiatras, neurólogos y terapistas) favorece una intervención poco ética; no se utiliza el documento de Consentimiento Informado; incurren en fallas técnicas y administrativas; no acuden a programas de supervisión ni de actualización profesional; así como también utilizan métodos fuera de evidencia científica.
5. Se mantiene la presencia de seudoprofesionales en salud mental, quienes utilizan desde métodos “cósmicos”, “naturales” y agresivos, que generalmente llevan a los pacientes a estados de crisis emocional y maltrato terapéutico. El descontento e inconformidad de los pacientes no es denunciada para no verse en la evidencia de su equivocada decisión.
6. Es notoria la falta de coordinación entre los diferentes niveles asistenciales de Atención Primaria y Hospitalización. Las reuniones institucionales se dan entre directivos sin considerar al personal operativo. No existe vinculación entre los servicios que atienden trastornos mentales psiquiátricos, los que reciben a personas con discapacidad intelectual y quienes se ocupan de la atención y hospitalización en adiciones.
7. Se carece de un procedimiento de seguimiento de pacientes que abandonan el tratamiento o que salen de una hospitalización temporal y que deben seguir tratamiento medicamentoso y psicoterapia.
8. Hay pocos programas de atención con una visión integral y multidisciplinar del paciente. Los equipos de trabajo multidisiplinarios no tienen un funcionamiento respetuoso.
9. Sigue siendo cuestionable la utilización de medicamentos, como antidepresivos y ansiolíticos, por parte de los usuarios y del médico no especialista, sobre todo a menores de edad, sin un estudio diagnóstico adecuado.