El viacrucis de las residencias médicas…

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El abuso, maltrato, discriminación, acoso y hostigamiento son frecuentes hacia los residentes médicos y esto influye en la formación emocional de los profesionistas

Mucho se ha escrito sobre las condiciones en las que los médicos residentes realizan su especialidad y el impacto que estas tienen en su estabilidad física y emocional.
El médico residente, según la Ley Federal del Trabajo, es el “El profesional de la medicina con Título legalmente expedido y registrado ante las autoridades competentes, que ingrese a una Unidad Médica Receptora de Residentes, para cumplir con una residencia”.

La residencia médica se refiere al “conjunto de actividades que deba cumplir un Médico Residente en periodo de adiestramiento; para realizar estudios y prácticas de posgrado, respecto de la disciplina de la salud a que pretenda dedicarse, dentro de una Unidad Médica Receptora de Residentes, durante el tiempo y conforme a los requisitos que señalen las disposiciones académicas respectivas”.

Según datos de la Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud, este 2018 se ofrecieron, en total, 8 mil 787 plazas en hospitales públicos y privados del país para los médicos que presentaron el XLI Examen Nacional para Aspirantes a Residencias Médicas 2017 (En 2016 hicieron el examen 34 mil 874 médicos e ingresaron 7 mil 772).

De acuerdo con Donovan, Rodríguez, Casas y Galeana (“Médicos residentes en México: tradición o humillación”. Revista médica y de salud pública Medwave en https://www.medwave.cl/link.cgi/Medwave/Revisiones/Analisis/5764 ) “Este personal es utilizado por los sistemas de salud privado y público como mano de obra barata, en condiciones de alimentación inadecuada, con abuso físico en su horario laboral, sometido a una alta presión académica y con un sueldo beca que humilla toda la labor ejercida por este médico en formación”.

De hecho, en agosto de este 2018, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, aprobó un punto de acuerdo para exhortar “a la Secretaría de Salud, a los Institutos Nacionales de Salud y a sus homólogas en las Entidades Federativas del país para que, en el ámbito de sus atribuciones y competencias, evalúen incluir una estrategia integral para prevenir el suicidio entre médicos residentes”.

El dictamen consignó que “en nuestro sistema de salud se vulneran constantemente los derechos humanos de los internos de pregrado y residentes que prestan ahí sus servicios en esta etapa formativa, aunado al sistema de guardias médicas utilizadas en las instituciones de salud, las cuales consisten en extensas, exhaustivas y continuas horas de servicio”.

Detalló que las investigaciones realizadas dan cuenta de excesivas cargas de trabajo; jornadas que generan un gran agotamiento; privación del sueño que disminuye su juicio clínico y que repercute en la calidad de atención a los pacientes y en su propia seguridad por los errores que pueden generarse.

También incluyó que “el desgaste emocional en estudiantes de medicina y residentes aumenta en más del 10 por ciento en comparación con la población en general de la misma edad (22-32)”, y que el índice de Síndrome de Burnout (agotamiento) aumenta del 15 al 29 por ciento (dependiendo si los afectados se encuentran en la licenciatura o en la residencia de especialidad, respectivamente).

Hizo referencia al abuso, maltrato, discriminación, acoso y hostigamiento hacia los residentes médicos y cómo esto influye en la formación emocional de los profesionistas:

“Al respecto el Diario Americano de Psiquiatría da cuenta de la complejidad que significa ser doctor, toda vez que indica que un número de 300 a 400 médicos se quitan la vida cada año, es decir, en promedio uno al día. El artículo publicado señala que el riesgo de suicido en hombres médicos es 40 por ciento mayor a hombres en general; más alarmante aún, el riesgo aumenta casi 130 por ciento en mujeres médicas contra mujeres en general”.

Un estudio sobre la “Exposición a la violencia durante la formación profesional de los residentes médicos” elaborado en 2014 por la Universidad Veracruzana (Montes, García, Blázquez Cruz y De San-Jorge. http://www.scielo.org.mx/pdf/cuat/v12n2/2007-7858-cuat-12-02-54.pdf ), concretamente a 656 médicos de 16 unidades receptoras, en el estado de Veracruz, arrojó que el 87 % reportó -por lo menos- una experiencia de agresión durante su formación como especialistas; hasta el 50.46 % confirmó violencia psicológica y el 0.30 sexual.

“Sus principales agresores fueron jefes de servicio (33.5 %) y compañeros residentes (33.5 %), viéndose más afectados en el turno matutino (34.76 %). De la población total, 51.52 % son hombres y 48.48 % mujeres, señaló la investigación.

Las agotadoras guardias…

En entrevista con Códigoqro, un médico residente que prefirió reservar su nombre, narró cómo transcurren sus días con las famosas guardias ABC: “Entro a ‘preguardia’ (por ejemplo, el lunes) entre 3, 4 y 5 de la mañana, dependiendo del número de pacientes que yo tenga. A las 7 comienzan mis clases, salgo entre 8 y 11 de la noche para irme a casa a descansar, según las actividades que tenga en la tarde: si hay cirugías o un paciente grave”.

“Al día siguiente (martes) sería mi día ‘B’, entro igual -entre 3, 4 y 5 de la mañana- y como es mi guardia, me quedo todo el día, hasta el miércoles; que sería el día ‘C’. Al terminar mi guardia, inicia mi ‘posguardia’, de la que salgo entre 8 y 10 de la noche, dependiendo también de las actividades”.

El doctor agregó que el jueves de nuevo inicia la ‘preguardia’: entra por la mañana y sale el viernes, para iniciar ese mismo día la guardia. Al salir de esta el sábado por la mañana, descansa el resto del día y el domingo realiza guardia de nuevo por la mañana y sale el lunes.

Si la guardia es en jueves, sale el viernes, y tras la ‘posguardia’ descansa el sábado y regresa a guardia el domingo. En días festivos oficiales generalmente acuden quienes tienen guardia y el resto de los residentes descansa.

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