Un colorido ritual mexicano para reencontrarse con los muertos

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Como parte de la tradición mexicana del Día de Muertos, Se dice que a través de estas ofrendas, los vivos se reencuentran con sus difuntos para compartir manjares culinarios

Mariana Moctezuma

Durante esta importante celebración mexicana, a los muertos se les recibe con estelas de olores y fragancias que nacen de las flores, el incienso y el copal.

Se dice que a través de estas ofrendas, los vivos se reencuentran con sus difuntos para compartir manjares culinarios.

Cada uno de los elementos que componen el altar tiene su propio significado, por ejemplo, el agua representa la fuente de la vida, se ofrece a las ánimas para saciar su sed después del largo recorrido y para que fortalezcan su regreso, mientras que la sal sirve para que el alma no se corrompa en su viaje de ida y vuelta para el siguiente año.

Las fragancias del copal y el incienso se usan para limpiar el lugar de los malos espíritus y evitar peligro alguno a quienes regresan a su casa.

La luz que producen las velas representa la esperanza y la fe, una guía para que los difuntos puedan llegar a sus antiguos lugares y alumbrar el regreso a su morada.

En varias comunidades indígenas cada vela representa un difunto, es decir, el número de veladoras que tendrá el altar dependerá de las almas que quiera recibir la familia.

Las típicas calaveritas de azúcar nos recuerdan, de forma colorida, a la muerte; las más pequeñas son dedicadas a la Santísima Trinidad y la grande al Padre Eterno.

Por sus colores y estelas aromáticas, las flores son símbolo de la festividad, adornan y aromatizan el lugar durante la estancia del ánima. Las más tradicionales son el alhelí y la nube, que su color significa pureza y ternura, y suelen acompañar a las ánimas de los niños; así como la de cempasúchil, que en muchos lugares se acostumbra desojarla y poner caminos de pétalos para guiar al difunto del campo santo a la ofrenda y viceversa.

Entre los múltiples usos del petate se encuentra el de cama, mesa o mortaja, pero en esta celebración funciona para que las ánimas descansen o bien, de mantel para colocar los alimentos de la ofrenda.

El licor es para que recuerde los grandes acontecimientos agradables durante su vida y se decida a visitarnos, mientras que una cruz grande de ceniza sirve para que al llegar el ánima hasta el altar pueda expiar sus culpas pendientes.

En los altares dedicados a los niños, no debe faltar el perrito izcuintle en juguete, para que sus ánimas se sientan contentas al llegar al banquete. De acuerdo con la creencia, el perrito izcuintle es el que los ayuda a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso para llegar al Mictlán.

Elaborado de diferentes formas, el pan es uno de los elementos más preciados en el altar, ya que representa el ofrecimiento fraternal.

En las ofrendas también se acostumbra colocar fotografías de quienes ya no están, la imagen de las ánimas del purgatorio o de santos, además de frutas, dulce de calabaza y los platillos favoritos del difunto. El banquete de la cocina en honor a los seres recordados tiene el objetivo de deleitar al ánima que visita a sus familiares.

También se puede incluir el chocolate de agua; la tradición prehispánica dice que los invitados tomaban esa bebida que usaba el difunto para bañarse, de manera que los visitantes se impregnaban de la esencia del difunto.

Para recibir a las ánimas, el altar se adorna con papel picado, telas de seda y satín donde descansan también figuras de barro, incensario o ropa limpia.

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