La enfermedad como camino

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“El enfermo no es víctima inocente de errores de la naturaleza, sino su propio verdugo”. Esta frase tan contundente condensa la idea principal del libro ‘La enfermedad como camino’, escrito por Rüdiger Dahlke, un médico alternativo, y el espiritualista Thorwald Dethlefsen. Dichos autores alemanes, quienes abandonan el terreno de la medicina científica, definen a la enfermedad como la pérdida de armonía espiritual del ser, manifestada en el cuerpo en forma de síntoma. Por ello plantean que no se puede hablar de cuerpos enfermos, sino de personas enfermas.
La enfermedad representa una interrupción de la continuidad de la vida cotidiana. Dicha interrupción nos causa una molestia física (síntoma) y nuestro primer impulso es eliminar la molestia. Pero esto no es suficiente, pues no hemos abordado la causa. Sobre el particular, apuntan: “El síntoma nos señala que nosotros, como individuo, como ser dotado de alma, estamos enfermos, es decir, que hemos perdido el equilibrio de las fuerzas del alma”.
Así, ante la aparición de una molestia, en vez de limitarse a combatirla bien podríamos preguntarnos: ¿Cuál es la causa sutil que hace surgir este síntoma en mi cuerpo? En la medida en que reflexionemos sobre aquello que interrumpe nuestra falta de armonía (por ejemplo, un conflicto interior, sentir remordimiento o reprimir nuestras emociones), en esa medida estaremos en condiciones de iniciar el proceso de sanación.
Para estos autores, cuando eliminamos la causa de la interrupción de la armonía interior, nuestro cuerpo se libera de la molesta carga, pues siente que su llamada de alerta fue atendida. Sin embargo, si una vez identificada la causa profunda de la enfermedad no la corregimos, la enfermedad subsistirá para recordarnos que es menester salir de nuestra zona de comodidad para superar los síntomas.
La sanación significa pues redimirnos de nuestras carencias. Pero como ello implica enfrentar nuestros miedos, es posible que acabemos no haciendo nada y decidamos seguir viviendo engañados. Dahlke y Dethlefsen argumentan, en suma, que debemos ver a la enfermedad como lo que realmente es: un camino a la salvación.
Una tónica similar sigue la autora Louise Hay en su libro ‘Sana tu cuerpo’ al afirmar que la falta de armonía interior subyace a las afecciones corporales. Para conocer dicha causa, el primer paso es preguntarse “¿Cuáles podrían ser los pensamientos que me han creado esto?” Una vez identificados, propone buscar las maneras de liberar de la conciencia la raíz de la insatisfacción. Estos pasos iniciales podrían ser la llave para desencadenar el proceso de curación.
Al abordar a estos autores alternativos, de ninguna manera aconsejo dejar de recurrir a los médicos para recuperar la salud. Sin embargo, valdría la pena abrir la conciencia para identificar el lado oculto de numerosas dolencias. Los mismos profesionales de la medicina hablan de enfermedades psicosomáticas para referirse a los trastornos psicológicos que provocan consecuencias indeseables en el organismo.
Sería sumamente interesante que la medicina occidental y la alternativa buscaran puntos de encuentro que los llevaran a reducir sus profundas diferencias. En un momento dado sus caminos podrían entrecruzarse en beneficio de aquellos en busca de la sanación.