Suicidio, otra vez

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Mucho nos da qué pensar cuando una persona intenta quitarse la vida y lo logra. Para ella ha sido de gran fortuna, pues no hay un método infalible para suicidarse y el que utilizó, le fue efectivo. Las personas que sobreviven, repasan una y otra vez el suceso para saber qué les falló y, si bien les va, reflexionan sobre qué les llevó a hacerlo. No toda persona que tiene ideas de morir está en la vulnerabilidad de un acto suicida, mucho tiene que ver con las deficiencias de sus pensamientos y de cómo procesa esas ideas.
Una persona en situación de desesperanza, porque sus expectativas hacia el futuro son negativas, quizás por un evento traumático o por un estado de depresión, va encontrando razones para morir y para no seguir viviendo, aunque eso le genere un doble dilema. El no afrontar su situación actual la aleja de la responsabilidad familiar y no parece darle importancia a la desaprobación social de su conducta. Y es que hay momentos en que, seguramente, la angustia que ella vive parece ser intolerable y esta cobra mayor importancia por sobre otras razones. Esto habla de poca tolerancia al dolor psicológico que se siente ante estados de alta frustración. Los humanos no somos perfectos y ese dolor que sentimos, es tanto natural como necesario vivirlo y afrontarlo.
Se registran suicidios motivados por acontecimientos adversos, con falta de apoyo familiar y social, poniendo a las personas en una situación de indefensión y abandono. La soledad, vivida, con la usencia de personas que ofrezcan una escucha o una presencia que respalde, o bien, que, estando presentes, no sean una compañía significativa, representa una pérdida a todo sentido de vida. Se autoexcluye y se pierde la pertenencia social y la persona se ve como una carga para sí mismo y los demás. No deja de ser esto una distorsión de la realidad social que pega directamente al sentido de autovaloración y autoconfianza.
Cuántas veces, una persona cree que, ante sus problemas, no se puede hacer algo para resolverlos, mostrando una incapacidad para visualizar alternativas o generando opciones contraproducentes. La cuestión es que no siempre existe la capacidad para resolver problemas o no se ha aprendido a utilizar los cinco pasos para ello. Mucho tiene que ver la historia de crianza en los suicidas.
Cuando se inhibe la comunicación y la asertividad ante los conflictos, suele aparece la impulsividad, sobre todo en personas con alto nivel de intolerancia, como un intento de ocultar la perturbación emocional de verse derrotados o atrapados en sucesos adversos.
No hay de otra, muchas personas suicidas optan por esta conducta como una búsqueda de solución ante el intenso sufrimiento, para cesar de pensar en el conflicto y extinguir la angustia que provoca. El suicidio puede ser el paso siguiente de la desesperanza por una ambivalencia de vivir-morir que se cree será permanente. Es, finalmente, una petición de ayuda porque uno solo no puede, pero las personas que le rodean no lo saben.
Quedan invitados a la próxima presentación académica para tratar el tema de suicidio. La temporada decembrina viene difícil y es pertinente prepararse para afrontarla, seas padre de familia, profesor, trabajador o personal de salud. Con gusto te daré informes.