Cuidemos a los médicos

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Los servicios de salud que se ofrecen en México, tienen una mayor queja por deficiencias que reconocimientos por aciertos y buena calidad; sobre todo en los que se refieren a la atención en instituciones públicas. Por una parte es obvio, pues los hospitales no tendrán nunca una calificación de “cinco estrellas” que implique que un paciente desee, por voluntad propia, quedarse más tiempo hospitalizado. En éste escenario, las responsabilidades se reparten entre los legisladores al otorgar bajo presupuesto a la salud; los directivos por su incapacidad de administrar con enfoque en la atención al usuario y pretender optimizar los recursos que llegan; los usuarios, por su falta de cuidados de sí y el abandono de tratamientos; por último, el equipo de salud (camilleros, laboratoristas, asistentes, enfermeras, trabajadoras sociales, psicólogos, nutriólogas y médicos familiares y especialistas), quienes son los primeros en dar la cara ante las deficiencias recurrentes en una clínica u hospital.
Formarse en la carrera profesional de la medicina representa un gran esfuerzo y compromiso, además de reflejar altas capacidades y habilidades cognitivas. Sin embargo, a pesar de conocer lo que implica la salud-enfermedad, los médicos (varones y mujeres) suelen estar en el lugar del enfermo, aunque les resulta difícil aceptarlo. En el caso de las enfermedades médicas, el ser un experto en padecimientos y tratamientos, ayuda en el proceso de recuperación de la salud y pueden ser más empáticos al momento de atender a los pacientes.
Hay “enfermedades” que los médicos no están suficientemente preparados para afrontar, pues tienen que ver con aspectos psicológicos y de las condiciones a las que están sujetos a trabajar: el estrés, el hábito en el consumo de drogas, los largos periodos de trabajo, el cansancio por “doblar turnos”, el adquirir enfermedades infectocontagiosas y las relaciones conflictivas con compañeros de trabajo, generan estados inconvenientes en el profesional médico para la eficaz atención de sus pacientes en una consulta típica de diez minutos.
Miguel Marín Tejeda escribe en su libro “Cuídate para cuidar a otros” (Ed. Pax México, 2016) que el ayudar a otras personas puede tener un alto costo físico y psicológico. El autor utiliza varios conceptos como son: Síndrome de Burnout, Fatiga de Compasión, Trauma Vicario y estrés moral. “Todos los que seguimos nuestra vocación de ayuda a las personas más vulnerables de la sociedad nos encontramos irremediablemente inmersos en historias desgarradoras de sufrimiento, dolor y pérdida” y esto no nos hace inmunes al sufrimiento en diferentes formas. Si no estamos lo suficientemente preparados y formados en esta difícil tarea, es muy probable que presentemos una caída de capacidades y condiciones para ayudar a la persona enferma.
Las tareas de contención y apoyo psicológico deben estar presentes en toda clínica y hospital y la figura del Colegio Médico es una instancia para ofrecer y asegurar el buen ejercicio y bienestar profesional de sus agremiados.
Marín Tejeda propone catorce recursos técnicos para establecer un plan de cuidado de sí mismo, pero implica utilizarlos con atención y conciencia, evitar el aislamiento profesional y procurar un equilibrio entre la vida laboral y familiar.
¿Podrán los médicos asumir éstos compromisos o seguirán por la ruta de la conflictiva gremial?