‘Miji’ Dörrbecker: sangre, sudor y gloria

Bastaron 42 vueltas para que una nueva historia se escribiera en el automovilismo queretano, Luis Michael Dörrbecker se levantó del abismo para tocar el cielo

Una fracción de segundo en automovilismo puede definir una posición, un triunfo, un campeonato, una vida… una fracción de segundo puede convertir el infierno en la gloria…

“Estoy en un periodo de transición, quería llegar a Fórmula 1, estuve cerca… pero tuve la oportunidad de llegar a la Nascar y aquí estoy”.

En una fracción de segundo, Luis Michael Dörrbecker tomó la decisión: “yo soy un buen piloto, yo puedo ser campeón”… Tras 42 vueltas, el sonido de la grada se apagó por una fracción de segundo, para luego rasgar las gargantas en un grito de gloria, acelerar el corazón y hacer una sinfonía con el sonido de neumáticos derrapando sobre el asfalto, levantando una nube de humo, en la que de a poco se fue esclareciendo el panorama y así saltó la figura del queretano.

Un casco rosa y un traje negro con vivos en blanco se fue levantando como despierta un volcán dormido, y sobre el auto número 1 emergió el éxtasis, una sentencia de poder se erigió con los brazos en alto, con los puños de ‘guerra’, pues así fue la temporada, una batalla de tintes épicos que levantó un solo campeón.

Abajo, esperaban los fieles escuderos de ‘Miji’, nadie más que ellos vivieron en tierra de nadie, desde su trinchera, la presión y los reveses del destino acechaban quitarle nuevamente el triunfo al queretano, a quien apenas un año antes se le había negado.

“Agradezco a mi equipo que vivió todo esto conmigo, me llena de satisfacción compartirlo con ellos”.

El festejo era justo y merecido, los abrazos, el sonido de la victoria ensordeciendo el Hermanos Rodríguez. Fracciones de segundo que valieron la tristeza, el enojo y la desilusión de tres fines de semana en los que las cosas iban mal, sin saber en qué segundo ocurrió el error.

Así como la fracción en la que Rodrigo Rejón perdió el campeonato a manos de un desafortunado golpe de su hermano. Y en esa misma fracción Dörrbecker pedía ayuda divina. “(El campeonato peligraba) esto va estar difícil, voy a necesitar ayuda de los dioses del automovilismo, al final siento como que me dieron el visto bueno y me eligieron a mí para ser campeón. Espero que esto me abra muchas puertas y tenga la posibilidad de demostrar el piloto que soy”…

Una historia épica de fracciones de segundo que se mantendrán latiendo hasta que haya un nuevo campeón…

¡’Miji’, campeón queretano de la Nascar!