Propósitos espirituales para el año nuevo

0
110

A estas incipientes alturas del novel 2019, seguramente habrás escuchado o leído toda clase de listas de propósitos de año nuevo. Lo cierto es que muchas no van más allá de los consabidos “voy a cuidar más lo que como”, “ahora sí voy a ir al gimnasio”, “le daré los buenos días al vecino odioso”, etc. Peor aún, en febrero ya ni siquiera nos acordamos de lo mucho que prometimos en nuestros veleidosos planes de mejora.
Los que ahora te propongo son aspiraciones menos inmediatas y más profundas, y –aunque suene pretencioso– , me atreveré a decir que son de un corte más fino que el habitual. A no dudar, acciones como las que aquí menciono deberían practicarse de manera permanente y quizá incluso las practiques ya en la vida cotidiana. Sin embargo, no está de más ponerlas en cartelera.
1. Quiérete un poquito más. Y no es que no te ames. Lo que pasa es que en el trajín diario solemos sacrificar nuestros intereses, ideas o deseos en aras de ser aceptados y legitimados por otros. Quererse más es ponerte la ropa o escuchar la música que te hace feliz. Incluye decirnos más seguido: “Lo que a mí me gustaría que sucediera es…”, “No cancelaré mis planes personales solo por darte gusto…”, “Siento que realmente no me estás escuchando y eso me lastima”, “Soy una buena persona y merezco estar rodeado de abundancia”.
2. Suma en vez de restar. Este segundo propósito pareciera contraponerse al anterior pero no es así. La lógica es muy simple: desde la empatía, aporta un plus a los demás en la medida de lo posible. Por ejemplo, “Te doy las gracias por todo lo que has hecho últimamente por mí de manera tan desinteresada”, “Aprecio tus aportaciones, me parecen sumamente valiosas”, “Yo te propongo que…”
3. Mantén siempre abierta la puerta a la esperanza. Vivimos rodeados de pesimistas y agoreros, cuya máxima satisfacción cuando algo no sale bien es repetir el estribillo “te lo dije”. Por el contrario, Aristóteles afirma que la felicidad estriba en saber imprimirle un sentido de dirección a nuestras vidas. La esperanza no consiste en aferrarse a la idea de que tendrán que pasar cosas buenas, ya que esto sería ingenuo. Es mantenerse fiel a nuestros ideales, sabiendo que los obstáculos en el camino son un mal pasajero, y que tarde o temprano habremos de arribar a puerto seguro.
4. Disfruta de las cosas pequeñas. Los maestros espirituales nos instan a asegurarnos de sentir el momento presente, lo cual implica ponerle atención a aquello que a cada momento nos rodea: la hoja que cae del árbol, una risa lejana, la madre que toma de la mano a su pequeño, el aroma del café por las mañanas, la tenue llamarada al filo del horizonte, la satisfacción de concluir exitosamente nuestras tareas del día, incluso el poder observar nuestros momentos de mal humor y de tristeza. El presente aligera el peso del pasado y desvanece las ansiedades del miedo. Lo menos que podemos hacer es valorar y agradecer la bendición de sentir el prodigioso palpitar de nuestros latidos.