“Esa silla está embrujada… quien se sienta ahí pierde la razón”

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El viernes pasado, en su conferencia de prensa matutina, Andrés Manuel López Obrador informó que el Gobierno de la República había decidido que este 2019 fuera declarado en homenaje a Emiliano Zapata; por ello, toda la papelería oficial llevará su nombre.

Luego, el presidente agradeció a familiares del líder revolucionario su presencia en Palacio Nacional, para minutos después cederle la palabra a Jorge Zapata González, “para que exprese aquí su sentimiento”, dijo el mandatario.

“Orgullosamente nieto de nuestro general Emiliano Zapata Salazar”, manifestó el hombre en cuya cara sobresalía un enorme y oscuro bigote -ataviado con guayabera blanca y sombrero- al acercarse al atril con el escudo nacional al frente y hacer uso del micrófono.

Enseguida se dirigió a su “abuelo Emiliano”: “Tu vida fue el umbral de una nueva historia; la historia de los hombres que, siguiendo tu ejemplo, ofrendaron su vida por la construcción de esta nación”.

“Por eso te llora el caracol, el atecocolli, te lloran los cuatro rumbos del universo; te llora la madre tierra, te llora la aurora que se hizo ocaso; te lloran nuestros abuelos que te hicieron calpuleque. Te lloramos todos de rabia y de tristeza, los hombres y las mujeres libres que mantienen vivo el grito de rebeldía de ‘Tierra y libertad’”, agregó.

Después se dirigió a Zapata como “Mi General”: “Recordamos que el 6 de diciembre de 1914 estuviste en este lugar, en este Palacio Nacional, tomando el poder de manera simbólica. Te recordamos por tu generosidad al rechazo, sentarte en la silla presidencial que te propuso el general Francisco Villa, porque representaba aquello contra lo que luchabas: la pobreza, la injusticia y el abuso de poder”.

“Y le contestaste: ‘Gracias, mi general Villa, pero yo no me puedo sentar en esa silla porque está embrujada; y quien se sienta ahí pierde la razón, y pierde el sentido de quien lo trajo aquí’”.

Sus palabras, enseguida, fueron para el ejecutivo: “Gracias, Andrés Manuel López Obrador, presidente de la República Mexicana, gracias, presidente, por abrir estas puertas de Palacio Nacional a la causa zapatista. (…) Nos necesitamos. Vamos a convocar a todo el pueblo de México a la unidad en la acción; que los rencores que tenemos todos queden en el olvido de la historia para que juntos logremos la Cuarta Transformación”.

Ante reporteros y corresponsales, hizo referencia a una “embestida de los enemigos de México”: “Cuente con nosotros, señor presidente, no está solo. Somos millones de mexicanos en contra de unos cuantos miserables”.

Y con: “¡Viva mi general Emiliano Zapata Salazar!, ¡viva Andrés Manuel López Obrador!, ¡viva México!, ¡viva México!, ¡viva México, cabrones!”, concluyó su discurso, para finalmente fundirse en un abrazo con López Obrador.

Aquello parecía un acto de campaña, pero ¿en Palacio Nacional?; ¿con qué finalidad si Andrés Manuel es ya el presidente constitucional?, ¿para neutralizar la falta de apoyo del EZLN a sus proyectos?

Mientras todo esto sucedía, un sinnúmero de automovilistas permanecían formados en gasolineras de diversos estados del país, a la espera de tener suerte y lograr cargar combustible.

López Obrador aseguraba en esa misma rueda de prensa: “Nosotros no tenemos ninguna denuncia presentada en contra del dirigente petrolero (Romero Deschamps), esto sí se lo puedo asegurar (…) No hay pruebas”, y sentenciaba: “Se acabó la corrupción y la impunidad”.

En medio de todo esto, en mi mente se repetían una y otra vez las palabras de Zapata: “Yo no me puedo sentar en esa silla porque está embrujada; y quien se sienta ahí pierde la razón…”.