¿Por sus colaboradores los conoceréis?

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No… no fue producto de la casualidad, el que el semanario Desde la Fe -la publicación de la Arquidiócesis Primada de México- hubiera incluido el 13 de enero, a manera de “columna invitada”, un texto de Beatriz Gutiérrez Müller; la esposa del presidente.
Sin enjuiciar el contenido de la columna “La importancia de recordar”, y más allá de la propia trayectoria que como escritora pueda tener la señora… y de que ahora encabece el Consejo Honorario de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México -por aquello de que “Beatriz no quiere ser primera dama”, según palabras del propio López Obrador-, lo interesante es el coqueteo entre la jerarquía católica y la estructura política que ahora ostenta el poder en México.
La Iglesia Católica ha hecho y seguirá haciendo política… y no solamente con la connotación que ha explicado el papa Francisco: “Un buen católico debe entrometerse en política (…) Y ¿qué es lo mejor que podemos ofrecer a los gobernantes? ¡La oración!”; sino con un activismo, incluso lapidario, hasta hace algunos meses; y particularmente a través del editorial de este semanario, que obligaba a pensar si no estaría pasándose por el arco del triunfo la Constitución.
El 2 de diciembre, la jerarquía católica mandó un mensaje contundente, en esta misma publicación: “Al inicio de este sexenio, la Iglesia no quiere quedarse al margen de las decisiones importantes, sino participar legítimamente de la vida pública, animando los procesos de transformación y aportando desde su sabiduría a la construcción de un México más fraterno, solidario y en paz”.
Y la motivación es clara: el gobierno de izquierda de López Obrador representa un peligro para varias posturas de la Iglesia Católica… significa una amenaza, porque es fiel admirador de Juárez; con lo que ello representa en la separación Iglesia-Estado, plasmada hoy en la Carta Magna.
Por algo el rector de la Universidad Pontificia de México, Mario Ángel Flores, ese mismo 2 de diciembre advirtió en su columna, al hablar sobre el presidente: “Comenzó con el pie izquierdo dilapidando de antemano el enorme capital político que tiene, por decisiones arbitrarias y sin fundamento (…) Amagos contra la actividad económica, financiera y mensajes contradictorios sobre un sinnúmero de problemas nacionales”.
Para luego matizar: “dejando de lado estos traspiés, veamos hacia delante. Qué espera la Iglesia de este gobierno. Qué le comunicaron al candidato, primero, y al presidente, después, nuestros obispos…” e incluir, entre otros temas: “el respeto a la vida desde su concepción, su desarrollo y su conclusión natural. Valoración de la familia, impulso a la educación, tomando en cuenta a los padres de familia, a los maestros, a la sociedad”.
El propio arzobispo primado de México, Carlos Aguilar Retes, escribió -el mismo día que Andrés Manuel rindió protesta- que: “en un país mayoritariamente católico, resulta escandaloso el relajamiento de las normas y principios que sostienen la convivencia y la unidad social”.
Y advirtió de “la crisis moral por la que atraviesa gran parte de la clase política, que ha extraviado la consciencia, a tal grado de llamar ‘al mal bien y al bien mal, que tiene las tinieblas por luz y la luz por tinieblas’, como profetizaba Isaías”; y que “ante esta realidad, la Iglesia tiene uno de sus mayores retos: defender los principios morales, a fuerza de ser un real contrapeso de las estructuras de poder que, en aras de libertades sectoriales, atentan contra los derechos humanos universales de la dignidad humana, la vida y la familia, temas que demandan una defensa inteligente por parte de la sociedad civil y de la Iglesia”.
Así pues, el coqueteo parece entonces ser parte de una “defensa inteligente”, de un cambio de estrategia que dejará atrás –por el momento- el enfrentamiento estéril. De ahí el que no solo Beatriz Gutiérrez; sino incluso el presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, Martí Batres, figuren como “columnistas invitados”.