Disciplina a tus hijos y deja de compararte con otros

Jordan Peterson, un profesor de psicobiología de la Universidad de Toronto, escribió uno de los libros más vendidos de 2018: 12 reglas para vivir: Un antídoto al caos, en el que argumenta que está en manos de cada uno de nosotros emprender las acciones que habrán de llevarnos a una vida plena de significado. Te comparto, lector/lectora, tres de estas reglas, matizadas por mi manera particular de interpretarlas (ya expliqué las tres primeras la semana pasada). Las citas textuales son mi traducción de la obra original en inglés.
4ª regla: Compárate con el que eras ayer, no con otros del presente. Sin importar lo bueno que seas para algo, siempre habrá alguien más que te hará sentir incompetente. Si eres un guitarrista virtuoso, no lo serás tanto si te comparas con Carlos Santana o Paco de Lucía.
Todos tenemos una voz interna que nos dice que no seamos mediocres y que, si nos esforzamos, podemos hacer mejor las cosas. El problema es que si ya somos buenos en lo que hacemos, deberíamos dejar de escuchar esa voz chantajista que nos hace sentir que no somos lo suficientemente capaces, aunque lo seamos. Lo que debemos aquilatar es que si al principio no éramos tan diestros y ahora lo somos. Esto no quiere decir que no podamos mejorar, pero tampoco significa que debamos sentirnos inadecuados si optamos por experimentar la paz con nosotros mismos. La idea de fondo es si te sientes o no satisfecho con la persona que eres.
5ª regla: No permitas que tus hijos hagan cosas por las que tengas que sentirte a disgusto. Para ilustrar esta exhortación, Peterson narra en su libro la siguiente historia: “Hace poco fui testigo de cómo un pequeño de tres años caminaba con lentitud detrás de sus padres. Berreaba a todo pulmón para ganarse su atención… Me di cuenta de que esto no solo los irritaba a ellos sino a cientos de personas más…”. Para Peterson la solución hubiera sido muy sencilla: disciplinar al mocoso. Pero los padres no lo hicieron.
Cuando el momento sea oportuno, los niños requieren ser corregidos para ayudarlos a funcionar adecuadamente en el mundo. Más daño les causaría no hacerles caso, pues se perderían la oportunidad de conocer los límites de una conducta aceptable. El problema con los padres modernos, puntualiza el autor, es que “se dejan paralizar por el miedo de que sus hijos los dejarán de querer o admirar si los castigan por alguna razón”, ya que erróneamente piensan que lo mejor es tratar de ser sus amigos en vez de garantizar el respeto del que son merecedores.
6ª regla: Antes de criticar al mundo, pon primero tu casa en orden. La lógica de Peterson es contundente: ¿qué derecho tenemos de decidir lo que es mejor para la sociedad si somos incapaces de imponer la paz en nuestro propio hogar? En vez de tachar de resentido y amargado al vecino, ¿por qué no preguntarte, para empezar, si tú lo eres?
Si no has puesto tus asuntos personales en orden, aconseja el autor: “no culpes al capitalismo, a la izquierda radical o a la iniquidad de tus enemigos”, pues solo te estarás engañando a ti mismo.