Avanzan los días y nada sobre protección a periodistas

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Este martes 5 de febrero, la primera pregunta en la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador no fue precisamente una pregunta, sino un cuestionamiento acompañado de reclamo.
Un colega reportero del diario La crónica de hoy le dijo al presidente que había sido objeto de un secuestro y que había sido golpeado mientras hacía -dijo- una investigación en zonas donde diariamente se roban el combustible.
Muchos medios consignaron este hecho como si fuera noticia y su encabezado giró en la misma idea: “Se solidariza el presidente con periodista agredido”.
El reportero de La crónica le preguntó a López Obrador si su gobierno daría garantías a las y los periodistas, y la única respuesta fue que le daba todo su apoyo y respaldo y luego comenzó a hablar de los temas de inseguridad en el país, de la violencia en Tijuana, de que va a pacificar al país, pero no respondió la pregunta.
Lo triste es que el resto de los medios hayan pensado que la nota era el acto de “buena fe” del apapacho presidencial en vivo y en directo, cuando el hecho noticioso es que el presidente no respondió ni aprovechó esta coyuntura para hablar del tema de protección a periodistas, porque una vez más evita hablar del tema.
Apenas el lunes la organización de Periodistas Desplazados, que aglutina precisamente a colegas que encontraron refugio en la capital del país ante las agresiones y amenazas que han sufrido por su labor periodística en sus entidades, daba cuenta de que en el primer mes del año han registrado 78 ataques contra periodistas… ¡78 ataques en 31 días!, 2.5 agresiones diarias.
De estas 78 agresiones, 33 se cometieron en contra de mujeres y 45 contra hombres, y hay que sumarles otras 17 agresiones directas contra medios, lo que hace una suma de 95… tres cada 24 horas.
En enero pasado fue asesinado un periodista en Baja California Sur, apenas en diciembre otro había sido asesinado en la misma entidad, y el panorama no cambia para quienes hacen periodismo.
Y lo que tampoco cambia es la actitud del gobierno federal. El presidente sigue creyendo que la solución está en ponerle guaruras a las y los periodistas y nadie en su equipo de trabajo lo ha logrado convencer de lo contrario, quizá porque creen lo mismo o porque temen el regaño.
El presidente habló de fortalecer el Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, pero a la fecha ni la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, ni el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas Rodríguez, ni el jefe de la Unidad de Derechos Humanos (principal responsable del mecanismo), Aarón Mastache, han explicado qué es lo que realmente van a hacer para fortalecer este organismo de reacción policiaca y no de protección, más allá de darle más dinero.
Y mientras tanto, la vulnerabilidad de las y los periodistas persiste, y aumentó en estos casos de cobertura de la lucha contra el robo de combustibles.
Aunque eso sí, yo le preguntaría al colega agredido y sobre todo a su medio: ¿Cuál fue el protocolo que siguieron para una cobertura tan riesgosa como la que estaba haciendo?

*Periodista. Autor del manual de autoprotección para periodistas y de la Guía de buenas prácticas para la cobertura informativa sobre violencia.