Sé preciso al hablar y disfruta a tus mascotas

Con esta entrega concluyo una serie dedicada al libro 12 reglas para vivir: Un antídoto al caos, de Jordan Peterson, el erudito canadiense. Te comparto, lector/lectora, las últimas tres de estas reglas, tan sencillas y humanas, y a las que tanto he disfrutado leer. Las citas entrecomilladas son mi traducción del original en inglés.
10ª regla: Sé preciso al hablar. Esta regla nos caería de perlas a los mexicanos, campeones insuperables del rollo cantinflesco. Haciendo caso omiso de la claridad y exactitud, le damos dos o tres vueltas a aquello que decimos, en nuestro afán de disimular nuestros miedos e inseguridades.
Cuando, por ejemplo, se nos extiende una invitación a una reunión social a la que no pensamos asistir, sentimos pavor de responder con un no llano y simple, pues invariablemente nuestra mente visualizará un escenario alarmista: “Si le digo que no, no solo se va a sentir sino que pensará que no lo valoro y que su generosa invitación me importa un comino”. Por ello, generalmente optamos por la salida inconsecuente: “Desde luego, amiga; haré lo posible por estar ahí, mil gracias por tu invitación”.
Poniendo el dedo en la llaga, Peterson nos recuerda: “Ten cuidado con lo que te dices a ti y a otros sobre lo que has hecho, lo que estás haciendo y lo que harás. Escoge las palabras correctas. Organiza dichas palabras en oraciones correctas… Puedes redimir el pasado si lo reduces con un lenguaje de precisión a su esencia. El presente fluirá sin robar al futuro si sus realidades se hablan con claridad… Las palabras valientes y verdaderas harán de tu realidad una realidad simple, prístina, bien definida y habitable”.
11ª regla: Deja que los muchachos tomen algunos riesgos. Peterson refiere que a los estudiantes de la Universidad de Toronto, donde él es profesor, les encanta andar en patineta y que él solía detenerse a admirar sus piruetas: “Los más intrépidos colocaban un pie sobre la patineta y se impulsaban como locos para ganar velocidad, y justo antes de impactarse contra el pasamanos brincaban sobre este para luego aterrizar… en ocasiones con gracia, y dolorosamente en otras…. Y en menos que canta un gallo ya estaban otra vez trepados”.
Para el autor, el anterior ejemplo es un testimonio de la tendencia natural del ser humano a vivir al filo de la navaja, como una manera de darse valor para afrontar el caos de la existencia.
12ª regla: Disfruta a tus mascotas. El profesor Peterson admite ser un ferviente entusiasta de los animalitos que nos acompañan en nuestro trajín diario. Sin ambages los declara “amigos y aliados de los seres humanos”, en particular a los perros, siempre dispuestos a corresponder con lealtad, admiración y amor, a la atención que les damos.
Dicho lo anterior, confiesa su debilidad por los gatos, a los que encuentra difíciles de resistir: “Cuando me agacho a acariciar un minino, este en ocasiones saldrá corriendo y en otras me ignorará por completo, simple y sencillamente porque se trata de un gato; otras veces se me acercará para que le acaricie la cabecita, ante lo cual se mostrará más que complacido; y si se le da la gana, se echará a rodar sobre el polvoroso concreto… Si te encuentras a un gato mientras caminas por la calle, no olvides acariciarlo”.