Bolsas de plástico, unicel, ¿y las ANP?

Daniel Alejandro Bocanegra Osornio

El artículo cuarto constitucional establece el derecho humano de acceder a un medio ambiente sano para el desarrollo y bienestar de toda persona. El medio ambiente, por cuanto ve a la preservación y cuidado de un ecosistema, pasa por aspectos tan trascendentales como el aminorar o mantener estables los niveles de contaminantes, evitar la devastación de la vegetación, y la obligación de incrementar esta última, entre otros aspectos a considerar; todo ello implica la creación de un entorno apto, adecuado y multicultural, en el cual las personas puedan desarrollar de una manera digna todos los atributos que se involucran con su personalidad, el libre y sano esparcimiento físico y mental y su integridad personal.
Esto se refleja en la aplicación del Reglamento de Protección Ambiental y Cambio Climático del Municipio de Querétaro, en el cual se predica una serie de obligaciones ambientales que corresponden a todos los actores de la sociedad, a efecto de que se consoliden como verdaderas directrices de acción, prevención y precaución.
Dentro del reglamento, existe el capítulo VII, título IV, particularmente dentro de los artículos 77 al 93, en donde se regula las cuestiones relativas a las Áreas Naturales Protegidas (ANP) de competencia municipal, señalándose sus formas de creación, su difusión, sus elementos de conservación del servicio ambiental que prestan y la necesidad de publicar sus programas de manejo, lo cual resulta plausible sin lugar a dudas.
Así, el gobierno municipal no debe enfocar todos sus esfuerzos en materializar las disposiciones relativas a la gestión y utilización de bolsas de plástico y productos hechos de unicel en los comercios, lo que es una excelente notica para la conservación y equilibrio de los diversos ecosistemas existentes, en virtud del tipo de degradación que reviste a ese tipo de materiales, pero que ha jugado en perjuicio de la creación y ejecución de programas para incentivar el cuidado y conservación de estos pulmones de la ciudad, así como foros o consultas para la concientización de la protección a estos espacios.
Las disposiciones de este reglamento, como casi todas las disposiciones teóricas en materia de cambio climático, tienden a convertirse en un discurso que a la vista gusta, pero que en la realidad pareciera ser letra muerta ante la indiferencia de la sociedad en general; de esta manera, corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del municipio de Querétaro, participar de manera activa en los foros, procedimientos o mesas de trabajo que tengan que ver con la regulación de los pulmones urbanos de la ciudad.
Adicional a lo anterior, no es solo una cuestión que le corresponda al Estado, sino que toda persona debe contribuir al correcto saneamiento de su entorno, por más pequeño que sea. No permitamos que este tipo de regulaciones se queden en una mera exposición, sino que se traduzcan en acciones tangibles que consoliden una solución.

*Daniel Alejandro Bocanegra Osornio
Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Querétaro.
Asociado en la Firma Ballesteros & Mureddu S.C.