La parábola del presidente…

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“Fue una decisión que tomaron en Estados Unidos, nosotros somos respetuosos de esos procesos legales, no le deseamos mal a nadie”, respondió el presidente de la República -sí, el presidente de México- cuando una reportera le preguntó sobre la postura del gobierno respecto al veredicto en contra de “El Chapo” Guzmán.
La respuesta me dejó atónita… ¿solo eso se le ocurre decir?, pensé; mientras seguía en redes sociales la transmisión de la rueda de prensa mañanera (que debo confesar se ha convertido en algo adictivo: simplemente no puedo dejar de escucharla día con día, sin importar que se alargue hasta una hora y media… pues lo que ahí sucede ayuda a descifrar lo que estamos viviendo en el país, tras la elección del 1 de julio).
Y no, no solo dijo eso, también declaró: “Me gustaría que quienes toman estos caminos recapaciten y piensen que es un don muy preciado la libertad, y que no se debe de afectar a otros, no se le debe de causar daño al prójimo, y no hay que causarse daño a uno mismo y a los familiares, porque son de una u otra forma sufrimientos”.
Para luego sermonear: “Eso es lo que puedo decir: que sirva de enseñanza, que sea una lección para que se piense que la felicidad verdadera no es el dinero, no es lo material, no es el lujo barato, no es la fama. La verdadera felicidad es estar bien con uno mismo, estar bien con nuestra conciencia, estar bien con el prójimo…”.
Y sí, digo sermonear; porque más que el discurso de un jefe de estado, sus palabras resonaron cual homilía en misa dominical… independientemente de que podamos aplaudir el que un mandatario defienda públicamente principios y valores.
El hecho de que Guzmán Loera haya sido juzgado en el extranjero, y no en México, deja muy mal parado al país; sobre todo porque -como se ha dicho hasta el cansancio- Estados Unidos ha puesto los adictos y las armas; pero nosotros, los muertos.
Por ello; por respeto a esos muertos y a sus familias, a los miles de desaparecidos en esta guerra contra el narcotráfico; por la violencia que se ha adueñado de nuestro entrañable territorio nacional, Andrés Manuel debió hablar como el estadista que pretende ser.
Y un estadista debería hablar de lo que su administración hará ante los testimonios y pruebas surgidos durante el juicio sobre presuntos sobornos, complicidades y colaboración de autoridades de primer nivel -en México- con el crimen organizado; tendría que anunciar el inicio de líneas de investigación, porque eso no le corresponde únicamente a la Fiscalía General; la Constitución obliga al presidente a preservar la seguridad nacional… y este es un problema de seguridad nacional.
Tendría, además, que generar certidumbre a sus gobernados en cuanto a que sabrá cómo responder a los diferentes escenarios que pudieren presentarse en el país como consecuencia de esta histórica condena.
Varias preguntas quedan en el aire: ¿Buscará México recuperar los bienes asegurados al narcotraficante?, ¿usará Trump la sentencia como pretexto para justificar su declaratoria de emergencia en la frontera?, ¿afectará la operación del Cártel del Pacífico?, ¿seguirá este operando sin mayores problemas?, ¿cómo se reacomodarán las organizaciones criminales?, ¿habrá un aumento, o por el contrario, una disminución de los índices delictivos? ¡Vaya usted a saber!, ¡habrá que esperar los resultados de la instrumentación del Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024!
Mientras tanto, la moraleja -no lo olvide usted- es que “la felicidad verdadera no es el dinero…”.