¿Criticar endemoniadamente?

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Que no se puede vivir toda la vida acusando, acusando, acusando a la Iglesia… dijo el papa Francisco, la semana pasada…
Desde ese día, sus palabras se repiten una y otra vez en mi mente: “Aquel al que la Biblia llama el gran acusador, ¿quién es? Es el diablo. Y los que se pasan la vida acusando, acusando, acusando; no diré que son hijos… porque el diablo no tiene ninguno; pero sí amigos, primos, familiares del diablo.”
En verdad no pude evitar el preguntarme si, en esta óptica, Jorge Mario Bergoglio incluye la actividad periodística.
Como periodista -y católica, no lo oculto- he cuestionado y criticado un sinnúmero de veces, hechos y conductas al interior de la Iglesia Católica; especialmente de miembros de la jerarquía: su intervención en procesos electorales, su cercanía y coqueteo con la clase política, su protagonismo, su influyentismo, y -no se diga- todo lo vinculado con abusos sexuales.
Ignoro si desde la perspectiva de Su Santidad, una nota informativa o una idea expresada en una columna pueda ser equiparable a una “acusación”… Siempre he considerado que la conducta de un periodista debe regirse tanto por sus principios y valores, como por la ley; pero el ser crítico es una cualidad indispensable.
“Todo hombre libre tiene un indudable derecho de exponer los sentimientos que le plazcan ante el público; prohibirle esto, es destruir la libertad de prensa. Pero si lo que se publica es impropio, malicioso o ilegal; este debe soportar las consecuencias de su temeridad…” señaló -a finales del siglo XVIII- William Blackstone, miembro de la Cámara de los Comunes de Inglaterra.
De acuerdo con ‘Vatican News’, en una nota titulada “Papa: quien ama la Iglesia no la acusa destruyéndola con la lengua”; las declaraciones del Santo Padre se dieron durante un encuentro previo a la Audiencia General en la Basílica de San Pedro, con fieles de Benevento; y a propósito de San Pío de Pietrelcina, de quien destacó su “generosa dedicación a las personas y su fidelidad a la Iglesia, a la que siempre amó con todos sus problemas y sus adversidades”.
Lo interesante es que el Papa dijo esto la víspera del arranque del encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”, para prevenir y combatir el abuso sexual de menores… una reunión verdaderamente insólita.
La Iglesia es una institución que no puede permanecer al margen del escrutinio de la sociedad en general, de quienes tienen el “oficio de acusador”, de periodistas, de asociaciones, etc.; impedirlo o acusar que este es cosa del demonio solamente construye muros a su alrededor, que acabarán por emparedarla.
La Iglesia es mucho más que todos sus “problemas y adversidades” porque está conformada por seres humanos frágiles, hombres y mujeres de barro que se rompen y renacen día con día… ¡esa es precisamente su riqueza!
Impedir la crítica es alentar el solapamiento… y eso no va con la libertad de prensa; esto me hace recordar a Félix Romero, diputado del Congreso Extraordinario Constituyente (1856-1857), quien en julio de 1856 manifestó: “Hagamos aquí lo contrario de lo que los Papas hicieron en los primeros tiempos de la imprenta: si ellos la maniataron, la esclavizaron, la escarnecieron; démosle nosotros vuelo a sus alas, ensanche a su imperio, haciendo de ella no sólo una garantía individual, sino una institución pública. No olvidéis que la prosperidad de los primeros países del mundo se debe a la libertad de imprenta, que la América es poderosa por la libertad de imprenta, y que México está llamado a ser grande por la libertad de imprenta.”