Patricia Kohlmann, una mujer sin límites

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La nadadora mexicana ha convertido el nado de aguas abiertas en una parte fundamental de su vida. Paty formó parte del primer equipo mexicano que cruzó El Canal de la Mancha; además, está constantemente participando en causas sociales

“Soy una guerrera, bien dicen ‘más vale muerto que rajado’; en el agua yo me transformo, estoy en mi medio, fluyo, soy una sirena, soy libre”. Así es como inicia describiéndose Patricia Kohlmann, nadadora mexicana que representó en dos ocasiones al país en Juegos Olímpicos.

Para llegar a este sentimiento, Paty sorteó miles de brazadas, convirtió el agua en parte de ella para romper con fuerza el mar, como hacen las olas; atacó las desventuras de la vida con la misma calma que hace el océano cuando un huracán decide pasar por encima.

“Comencé en la natación a los seis años, pues a mi mamá le gustaba la idea de que hiciera algún deporte, yo era feliz nadando. Una ocasión hubo una competencia y vino Damián Piza, hijo del primer mexicano en cruzar El Canal de la Mancha; él tenía su equipo, me ve nadar y dice: ‘esa niña tiene un potencial increíble, yo la quiero entrenar’. Habla con mi mamá y entro de lleno a la nadada, fui a un par de competencias, pero luego el equipo se canceló”, señala.

Paty siguió compitiendo, aunque en una competencia le fue mal, a tal punto que fue descalificada, inclusive el equipo de relevos en el que participaba sufrió la misma suerte.
“Ese día salí del evento y dije yo ya no quiero nadar, pero mi hermano me dijo: ‘por lo menos acaba la temporada, porque lo que se empieza, se termina’”.

Su hermano tenía razón, pues ese año la mexicana calificó al Campeonato Centroamericano, mejoró sus resultados y tomó una decisión: ir a los Juegos Olímpicos.

“Un día llegué y le dije a mi mamá: ‘quiero ir a los siguientes Juegos Olímpicos’. Yo tenía 12 años. Para ello me fui a Estados Unidos a nadar. Ahí busqué a Richard Quick -el mejor en ese momento- para que me entrenara, y califiqué a mis primeros Juegos Olímpicos”, explica.

Paty, con 15 años, representó a México en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84, donde se ubicó en el puesto 17 de la general.

“Yo era muy joven, para mí todo era padrísimo, creo que no lo dimensioné, pues en ese momento para mí lo más increíble era que estaban patrocinados por M&M y en México todavía no había (ríe)”.

Tras la participación, regresó a México, pero sus padres decidieron que se enfocara a estudiar y lo combinara con la natación. A pesar de ya no estar al 100 en el agua, Paty volvió a calificar a otros Juegos Olímpicos, esta vez Seúl 1988.

Pero dos años antes, Paty sufrió una operación en el hombro derecho debido al exceso de trabajo. “En ese tiempo el deporte no era tan especializado, yo nadaba kilometrajes impresionantes, un día nadé 17 kilómetros”. El dolor que le representaba nadar hizo merma y en Seúl finalizó en el lugar 23 general.

Para 1992, un año antes de graduarse, Kohlmann tomó la decisión más difícil para un deportista: retirarse.

“De no haberme retirado, posiblemente hubiera sido la primera mexicana en asistir a tres Juegos Olímpicos en natación. No obstante, el dolor ya era insoportable. Cada mes recibía infiltraciones de cortisona. La decisión fue obligada por el dolor… No sé si hubiera aguantado más”.

De la piscina al mar

Kohlmann comenzó en natación de velocidad, aún cuando todos los estudios que le habían realizado arrojaban que ella era una nadadora de distancias.

Después del retiro, Paty se casó y tuvo hijos, por lo que la natación quedó fuera de su panorama. Sin embargo, su divorcio la hizo reencontrarse con el agua.

“Tras mi divorcio reencontré a la deportista, desperté a la nadadora, fue una parteaguas en mi vida”.

Ese año, Kohlmann conoció a la nadadora Paty Guerra, quien la invitó a El Reto, un nado en Acapulco que trata de competir sino de hacer un reto personal.

Después de estar indecisa, Paty aceptó. “Recuerdo estar en la playa llorando, mientras mi hijo Federico me gritaba: ‘¡vamos, mamá, duro!’. Entonces me dije: ‘si logro esto, voy a poder con todo lo que se me enfrente en la vida, yo voy a poder”.

“Escuché el disparo de salida, entré al agua, pero ahí estaba hiperventilando y empecé a sentir piquetes de las pulgas de mar, pero yo creía que eran de agua mala, entonces les dije: ‘ay, me están picando las agua malas’, y me contestaron: ‘¡sigue nadando!’ (ríe con euforia). Cuando llegue a la orilla, dije ‘esto es lo mío’. En el mar no hay límites, yo puedo nadar hasta donde yo quiera”.

Nadar con causa

Después de ese nado de catarsis, Paty comenzó a nadar en varios proyectos que ayudan a niños y mujeres con cáncer.

“Me gusta mucho hacer lo que tanto me apasiona y transmitir mensajes, entonces la verdad el nado en Acapulco fue un momento decisivo en mi vida, el tener a mi hijo ahí presente fue lo mejor. La natación me ha dado mucho, fui a dos Juegos Olímpicos, conocí amigos, estrellas de la natación, además me ha dado salud y conocí a mi actual esposo”, finalizó.

Paty lleva 10 años participando en un evento en La Paz, Baja California Sur, el cual ofrece estudios de mastografía y papanicolaou a mujeres.

“Soy una amante de la vida, primero soy mamá, nadadora, apasionada; soy un ser humano con un corazón enorme, que tiene mucho para dar. Mis hijos me mueven y me motivan. Soy promotora de sueños, esa es Paty Kohlmann”.