¿Un entorno seguro para las periodistas?

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Las mujeres que ejercen el periodismo se enfrentan a desigualdad laboral, comentarios o gestos sexistas y misóginos, bromas, contactos físicos breves, agresiones sexuales, feminicidios: CIDH

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) subrayó en su Informe Anual 2018, presentado el mes pasado, la obligación de los Estados de “abordar los riesgos especiales y factores particulares que inhiben u obstaculizan el ejercicio del derecho a la libertad de expresión de las mujeres periodistas como parte de su obligación de respetar, proteger y garantizar el ejercicio de este derecho”.

Lo anterior incluye –puntualizó- la adopción de medidas encaminadas a crear y mantener un entorno para que las periodistas puedan realizar su labor en condiciones de seguridad y de igualdad, sin discriminación y con una perspectiva de género.

También consignó que “los Estados tienen la obligación de proteger a las personas sometidas a su jurisdicción contra las injerencias indebidas de terceros en su derecho a la libertad de expresión, incluidas las empresas. Todas las empresas, incluidos los medios de comunicación y las plataformas en línea, tienen a su vez la responsabilidad de respetar los derechos humanos, a la luz de los estándares desarrollados en esta materia”.

Y consideró que los actos de violencia contra las mujeres periodistas no son aislados, sino que “son sintomáticos de un patrón de discriminación estructural contra las mujeres, que tiene sus raíces en conceptos referentes a la inferioridad y subordinación de las mujeres ante los hombres”.

Así, las mujeres ejercen el periodismo en un entorno amenazante por hechos que van desde la desigualdad laboral, los comentarios o gestos sexistas y misóginos, bromas y contactos físicos breves, hasta agresiones sexuales y homicidios en razón de su género (feminicidios).

Desde su informe de 2013, Violencia contra periodistas y trabajadores de medios, la CIDH refirió que “la violencia contra las mujeres es perpetrada por distintos actores, como funcionarios del Estado, fuentes de información o colegas y tiene lugar en diversos contextos y espacios, incluyendo la calle, el lugar de trabajo y las oficinas o instituciones estatales”.

De acuerdo con la asociación Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), en El poder del cacicazgo. Violencia contra Mujeres Periodistas 2014-2015, las periodistas padecieron acoso sexual por parte de compañeros de trabajo o de personas ajenas a su medio mientras realizaban coberturas.

Pero, además “en la mayoría de las ocasiones estos actos no se hicieron públicos porque están ocultos bajo el supuesto de que son ‘gajes del oficio’ o porque temen que al denunciarlos les traerán mayores consecuencias (…)”.

De acuerdo con el Sondeo sobre acoso, hostigamiento y violencia sexual contra las mujeres que trabajan en medios periodísticos en México, elaborado por el colectivo Periodistas Unidas Mexicanas #PUM y presentado el mes pasado, “casi tres cuartas partes de las entrevistadas han vivido en su trabajo algún tipo de acoso, hostigamiento o agresión sexual, aunque no todas lo reconocen como tal”.

El sondeo, en el que participaron 392 mujeres que han trabajado o trabajan en algún medio periodístico en México, reveló también que “comentarios sobre su vestimenta, frases en doble sentido y miradas lascivas son las formas más comunes. Sin embargo, hay un número considerable de casos en los que se condicionó el crecimiento laboral o la obtención de información y entrevistas a cambio de invitaciones personales o de carácter sexual”.

Además, señaló que la mayor parte de estas situaciones se dio en los sitios de trabajo y que fueron cometidas, en primer lugar, por compañeros periodistas, y, en segundo, por algún jefe o superior.

“En el caso de las reporteras y fotógrafas (quienes realizan gran parte de su labor fuera de la oficina), el 43% de estas situaciones las vivieron con fuentes, entrevistados y personal de agencias o de comunicación social”.

Hablan periodistas en Querétaro…

Presentamos a continuación testimonios de reporteras que ejercen el periodismo en Querétaro:

“Durante una entrevista, un delegado federal no dejó de ver mis pechos, y decía: ‘qué bonito collar’; fue una situación muy incómoda que te hace sentir insegura”.

“Tuve un jefe de información que era muy… acosador; intentaba coquetear conmigo. En una ocasión se puso atrás de mí para hacerme un ‘dizque’ masaje en los hombros, pero al hacerlo intentó mover mis ‘bubis’; le dije ‘tranquilo’, y respondió: ‘te veo muy estresada’; me incomodó. En otra ocasión intentó tocarme la pierna”.

“Un fotógrafo creyó que seríamos pareja, solo por el hecho de que nos mandaban a muchos eventos juntos. Me quejé cuando una tarde tenía que ir a un concierto con él y a medio camino detuvo el auto, me tocó de la pierna y me dijo: ¿por qué no salimos, al fin que pasamos mucho tiempo juntos? Lo único que obtuve como respuesta fue: ‘Es que es al único que le gusta cubrir sociales’”.

“Empezaba a reportear y me mandaban a todos lados: al municipio de Querétaro, a Corregidora, etcétera. El comunicador social en esa época me incomodaba mucho porque era encimoso, invadía mi espacio. Para saludarte te daba besos ‘babosos’ y te abrazaba; se ponía cerca de las reporteras, las agarraba de la cintura y las acercaba hacia él”.

“Mi jefe inmediato de repente comenzó a comportarse de manera extraña: me llamaba en la madrugada, me ‘invitaba’ a discutir cosas de trabajo en partidos de futbol, en un café o tomándonos una cerveza, y no en las instalaciones del periódico. Me invitó a salir varias veces, le dije que no. Renuncié porque no me sentía segura”.

“En un ‘chacaleo’, un reportero movía su cámara tocando mis ‘pompas’; me sentí incómoda, lo alejé de mí y lo seguía haciendo. En otra entrevista, tuve que hacer mis codos hacia atrás porque sentía lo cerca que estaba de mí un reportero y cómo se me arrimaba”.

“Mi jefe me piropea, me investiga, me tiene checadita en redes sociales, se involucra en mis temas personales; se molesta si ve que tengo intenciones de salir con alguien del trabajo”.

“Un político del ámbito nacional, en una visita a Querétaro, empezó a decirme: ‘qué hermosa reportera, ojalá que todas mis entrevistas fueran así, todo el tiempo estuvo viendo mis senos y decía: ‘perdón, es que me desconcentro’”.

“Un reportero me escribió unos mensajes súper lanzados, invitándome a tomar tequila o lo que yo quisiera… ¡le paré el carro!”.

El otro lado de la moneda…

Recientemente, este fue el diálogo que se presentó durante una entrevista a un funcionario municipal:

Reportera: ¡Qué guapo se ve!
Funcionario: ¡Gracias!
Reportera: ¡Me voy a enamorar de usted y luego a ver qué hace!
Funcionario: ¡Ándele, eh, me cumple!
Reportera: ¡Más bien, usted me cumple!

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