Viejos, los cerros; ábranle paso a los ‘mayorescentes’ (II de II)

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Santiago Cambero, un sociólogo español, ideó un término para caracterizar a una nueva modalidad de adultos mayores que se resisten a dejar atrás el empuje y dinamismo de sus épocas de juventud. Les llama ‘mayorescentes’, o sea, adolescentes de la tercera edad.
Muchos septuagenarios -e inclusive octogenarios- se precian de conservar la productividad en estos tiempos de globalización. Si su salud se lo permite, salen a caminar por las mañanas, se inscriben en talleres prácticos (computación, cerámica, repostería, etcétera), se enrolan en programas de voluntariado social, se integran a grupos de superación personal y aprovechan la oportunidad de salir a conocer nuevos lugares de México y el mundo.
En un ensayo que lleva por título Mayorescencia, las personas mayores son más jóvenes que nunca (diciembre, 2018), Mar Abad refiere que, a diferencia de las personas mayores de generaciones pasadas, las de hoy se rehúsan a pasar la vida sentadas en un sillón, refunfuñando sobre todo aquello que no tuvieron oportunidad de hacer cuando eran jóvenes: “Ni ellos quieren ser viejos, ni la sociedad puede permitírselo…Tienen interés por aprender. Ante los rápidos avances de nuestra época, no quieren quedarse al margen. Quieren seguir aprendiendo, mantenerse, relacionarse. Se sienten activos y quieren seguir siendo activos”, acota la autora.
De acuerdo con estadísticas del Inegi, en nuestro país hay 38 adultos mayores por cada 100 niños y adultos jóvenes. Si consideramos que en 1990 la proporción era de 16 por cada 100, estamos hablando de un brinco poblacional de proporciones mayúsculas. En términos prácticos, no solo hay más personas de la tercera edad que nunca, sino que estas se muestran dispuestas a mantenerse vigentes.
En un artículo reciente, difundido en las redes, Cambero se pregunta si estamos preparados para darle a los ‘mayorescentes’ el lugar que merecen e identifica cuatro áreas en las que deberíamos enfocarnos para encontrar una respuesta adecuada a esta pregunta: valoración de la persona, aprendizaje continuo, oportunidades de empleo, y ciudades amigables.
El primer factor -valoración de la persona- se refiere a la necesidad de hacer sentir al ‘mayorescente’ que le concedemos valor a lo que él o ella representa como individuo, en vez de hacerlo sentir desplazado y excluido. En Japón, por ejemplo, anualmente se celebra el Día de Respeto a los Ancianos, y en China las personas de edad son consideradas tesoros vivientes.
El segundo factor -aprendizaje continuo- nos obliga a pensar en las oportunidades de crecimiento personal de las que un ‘mayorescente’ dispone para seguir desarrollando sus habilidades y talentos, ya que un adulto mayor competente y empoderado contribuye de una manera más efectiva a su bienestar personal y al de su comunidad.
El tercer aspecto -oportunidades de empleo- apunta a la necesidad de generar empleos dignos y bien remunerados para este sector de edad, ya que resultaría cruel e insensible querer limitarlo al pasivo rol de empacadores de supermercado.
Ciudades amigables, el cuarto factor abordado por Cambero, supone eliminar las barreras urbanas que limitan el libre desplazamiento de los adultos mayores por las calles de la ciudad. Por ejemplo, dado que muchos de ellos han dejado de conducir vehículos, deberían existir medios de transporte eficientes que les permitan mantenerse activos e independientes.