Agenda contra la extinción

López Obrador está a las puertas de ser el mandatario que vio por última vez a la vaquita marina, o bien, esta puede resultar una oportunidad única para que se redima ante los escándalos socio-ambientales en los que su administración ha estado inmersa: Tren Maya, Dos Bocas, Aeropuerto de Santa Lucía, compra de carbón y combustóleos para la generación de electricidad, hidroeléctrica de Huexca, etcétera.
La vaquita marina es un cetáceo endémico del Golfo de California, situado en las extensiones marinas ubicadas dentro de la península de Baja California y los estados de Sonora y Sinaloa, siendo la especie de mamífero marino más comprometida en cuanto a su supervivencia, la cual algunos especialistas incluso consideran extinta, dado los individuos que aún sobreviven.
Ahora bien, más allá de la turbulencia en la incipiente administración, resulta particularmente trascendente para el presidente y para Josefa González Blanco, la secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, instrumentar en los hechos la Iniciativa para la Sustentabilidad en el Golfo Norte de California, firmada el pasado 21 de marzo.
La iniciativa parte de tres grandes ejes: 1) la implementación de acciones que minimicen la pesca furtiva de la totoaba en el hábitat de la vaquita, así como los incentivos para la pesca responsable como impulso para las comunidades aledañas; 2) la implementación de operativos de vigilancia y delimitación del hábitat; y 3) la coordinación entre las comunidades pesqueras, el gobierno federal y el de los estados colindantes.
Esta iniciativa que a todas luces describe cuáles son las acciones que se deben implementar para generar al menos una esperanza de salvación, se ha quedado en una declaración de buenas intenciones que hasta el momento no ha tenido resultados alentadores en la protección de la biodiversidad marina del Mar de Cortés.
Ante tal problemática, la administración federal debe actuar con velocidad, pero sobre todo con una coordinación institucional prácticamente impecable, pues no solo basta con operativos de vigilancia en la zona, si no que esto implica la modificación de la legislación federal en materia de equilibrio ecológico, sanidad animal y el Código Penal Federal, de manera que la estrategia se encuentre blindada e imponiendo sanciones ejemplares para quienes realicen pesca furtiva en la zona.
Para nadie es un secreto que la pesca indiscriminada de la totoaba es la principal causa de la potencial extinción de la vaquita marina. Ahora bien, ¿qué papel juegan las autoridades aduaneras en la extinción de la vaquita marina? En mi opinión, la clave para tener una mínima esperanza de rescatar a esta especie radica en frenar el negocio de exportación ilegal de la totoaba a Asia, fijando una eficaz revisión en este tipo de operaciones, celebrando tratados internacionales que endurezcan las sanciones para quienes exporten, adquieran o consuman los productos resultantes de la totoaba, así como invirtiendo recíprocamente cantidades suficientes para garantizar el respeto a esta reserva de la biósfera.
Resulta muy complicado revertir la potencial extinción de la vaquita marina, sin embargo, la actual administración debe endurecer sus políticas en materia ambiental, a fin de inhibir otra tragedia como la que pronto estaremos dando cuenta.

*Daniel Alejandro Bocanegra Osornio.
Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Querétaro.
Asociado en la firma Ballesteros & Mureddu S.C.