Este mundo no es lugar para un niño…

¿Cómo borrar de la mente las imágenes de los dos bebés masacrados hace pocos días: uno en Minatitlán, Veracruz y el otro en Comalcalco, Tabasco?
El primero de ellos, tirado en el piso junto a otros cadáveres; su brazo derecho extendido; sus pequeñas piernas recargadas sobre su papá, tendido junto a él; vestía un short de mezclilla, una playerita amarilla y unos pequeños tenis negros. Parecía estar dormido, de no ser por el rojizo charco a su alrededor y su ropa ensangrentada… Recién había cumplido un año.
Según declaraciones de testigos, le dispararon a quemarropa mientras estaba en los brazos de su madre: “lo siguieron rematando, le dieron en el corazoncito…”
El segundo tenía ocho meses, pero parecía más pequeño; fue herido en un tiroteo al vehículo en el que viajaba; una mujer y una joven perdieron la vida, en forma instantánea… otro menor de 10 años también resultó lesionado.
Su pequeño, frágil y pálido cuerpecito recostado sobre el asfalto; malherido… sus shorts de cuadritos negros y blancos, su playera roja salpicada de sangre, sus diminutos calcetines a punto de dejar descalzos sus piecitos, su carita con dos enormes manchas de sangre, los deditos de su mano derecha también humedecidos por esta… una escena simplemente estremecedora, espantosa. Horas más tarde, el bebé murió en el hospital…
Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), a partir de cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en los tres primeros meses del año 2019 se registraron 285 homicidios dolosos contra niñas, niños y adolescentes; es decir, 3.2 casos cada día.
De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) “Los niños se han convertido en objetivos del frente de batalla. Es la crisis moral de nuestra era: no podemos aceptar que sea algo normal”.
Por ello, nos pide a los ciudadanos de todo el mundo que empecemos “por no apartar la mirada del sufrimiento de los niños, ya sea porque les parece muy lejano o porque la política del conflicto es demasiado compleja”.
Pero, además, nos exhorta a exigir liderazgos que estén preparados para tomar medidas que prevengan ataques y violencia contra los niños atrapados en zonas de guerra; y hace un llamado a los dirigentes nacionales e internacionales a no olvidar que “proteger a los niños durante conflictos armados es la piedra angular de una humanidad compartida”.
Y es que –explica- “si protegemos a los niños de los ataques en conflictos armados, mantendremos viva la esperanza y comenzaremos a prepararlos para construir futuros pacíficos para sí mismos y para sus países”.
¿Y cómo comenzar a construir futuros pacíficos cuando la clase gobernante, que en este momento es mayoría en el país, define las circunstancias actuales con argumentos de que la exigencia de paz en el país es promovida y auspiciada por los “conservadores” (Andrés Manuel López Obador); que “los medios están magnificando el drama y favoreciendo una muy mal encaminada política de oposición, destructiva” (senadora de Morena, Gloria Sánchez); que únicamente buscan “desacreditar al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y están haciendo todo lo posible para tumbarlo” o que “lo están haciendo adrede para hacernos ver mal (…) lo que están haciendo es duplicar los asesinatos para que se vea mal el gobierno del presidente” (Senadora de Morena Nestora Salgado)?
¡Cuánta razón tiene la Unicef al sentenciar que este mundo no es lugar para un niño!