¿Acciones concretas y eficaces?

La Carta Apostólica “Vos estis lux mundi” (“Ustedes son la luz del mundo”) emitida por el Papa Francisco, el 7 de mayo –y cuya vigencia iniciará el 1 de junio de 2019- es de carácter “experimental” y por un periodo de tres años, según consigna el documento emitido “motu proprio” por el Sumo Pontífice.
Se trata de una norma que –básicamente- define un procedimiento para “prevenir y combatir” los abusos sexuales cometidos por los clérigos, al interior de la Iglesia Católica, y su encubrimiento.
“Para que estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia, de modo que la santidad personal y el compromiso moral contribuyan a promover la plena credibilidad del anuncio evangélico y la eficacia de la misión de la Iglesia”, consigna el documento que consta solo de 17 artículos.
El primero de ellos define el ámbito de aplicación de la ley: ”informes relativos a clérigos o miembros de Institutos de vida consagrada o Sociedades de vida apostólica”, sobre los delitos contra el sexto mandamiento del Decálogo (“No cometerás actos impuros”).
Estos delitos -puntualiza- consisten en: “i. obligar a alguien, con violencia o amenaza o mediante abuso de autoridad, a realizar o sufrir actos sexuales; ii. realizar actos sexuales con un menor o con una persona vulnerable; iii. producir, exhibir, poseer o distribuir, incluso por vía telemática, material pornográfico infantil, así como recluir o inducir a un menor o a una persona vulnerable a participar en exhibiciones pornográficas”.
Los informes no se limitan solo a reportar la comisión de estas conductas ilícitas, sino también a delatar –sin demora- a quienes oculten y solapen estos crímenes, que como el mismo Francisco sentencia “traicionan la confianza de los fieles”: “acciones u omisiones dirigidas a interferir o eludir investigaciones civiles o investigaciones canónicas, administrativas o penales, contra un clérigo o un religioso…”
Para la presentación de estos informes, el Papa estableció un plazo de una año para que se establezcan sistemas accesibles al público; en los que se garantice la seguridad, la integridad y la confidencialidad de la información que sea proporcionada por cualquier persona.
Incluso, la Carta Apostólica estipula -para proteger a quienes presenten un informe- que el hecho de hacerlo “no constituye una violación del secreto de oficio”, salvo: “Quien denuncia falsamente ante un Superior eclesiástico a un confesor, por el delito de que se trata en el c. 1387”, ya que “incurre en entredicho latae sententiae (automáticamente); y, si es clérigo, también en suspensión”, según establece el Código de Derecho Canónico.
El canon 1387 estipula que “El sacerdote que, durante la confesión, o con ocasión o pretexto de la misma, solicita al penitente a un pecado contra el sexto mandamiento del Decálogo, debe ser castigado, según la gravedad del delito, con suspensión, prohibiciones o privaciones; y, en los casos más graves, debe ser expulsado del estado clerical”.
Por otro lado, la Carta señala también que “Las Provincias eclesiásticas, las Conferencias Episcopales, los Sínodos de los Obispos y los Consejos de los Jerarcas pueden establecer un fondo destinado a sufragar el coste de las investigaciones..”.
En este contexto, debe aplaudirse la determinación de Su Santidad de establecer un procedimiento uniforme para recibir las denuncias; es decir, reglas claras y generales que no dependan de cada Diócesis; así como la obligación de los clérigos de no “alcahuetear” y convertirse en cómplices de estos delitos… es un avance importante, pero solo eso: un avance.
Falta dar respuestas a ¿por qué quedarse únicamente en un avance?, ¿por qué parece que se da más importancia al procedimiento que a las sanciones?, ¿cuáles son estas?, ¿dónde queda la obligación de denunciar ante autoridades civiles… y la reparación del daño a las víctimas?
Sin contestación a estas interrogantes, las “acciones concretas y eficaces” parecen quedarse cortas…