Día del Maestro: la labor de enseñar con paciencia y disciplina

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Su pasión por el taekwondo la llevó a la docencia, desde donde trabaja para fortalecer la seguridad y el autoestima de los más pequeños

Más que ver a sus alumnos ganar una medalla en las competencias, lo que realmente le genera satisfacción a Guadalupe Díaz, licenciada en Educación Física y Ciencias del Deporte, es ver a una mamá abrazar a su hijo o a un papá animándolo a pararse y luchar por sus objetivos.

Para la maestra, quien comparte sus conocimientos en taekwondo con pequeños de prescolar y primaria, la disciplina contribuye al desarrollo físico y social de los niños. Además de los aspectos físicos como el desarrollo de la resistencia y la elasticidad, los menores trabajan con sus emociones y su seguridad.

“Los beneficios del taekwondo son muchísimos, dependiendo de cómo es el niño, su carácter, cómo se maneja, cómo juega, cómo ha sido educado, si tiene más hermanos o no; hay niños introvertidos con los que hay que trabajar la motivación, que logren expresarse y que tengan un juego sano con sus compañeritos, que no se aíslen; y, por el contrario, con los niños extrovertidos que son hiperactivos, les va a ayudar a tener disciplina”, comentó la maestra.

Así mismo, este arte marcial les enseña a los niños a defenderse y evitar problemáticas como el ‘bullying’.

“El taekwondo justamente es para defenderse, todas nuestras formas empiezan con una defensa y después con un ataque, hay que enseñarles a los niños a defenderse y darles la confianza de que si sufren algún tipo de acoso, lo externen con sus maestros y sus padres”.

Aunque reconoce que es difícil trabajar con niños tan pequeños debido a que el avance es poco y requieren mayor atención, comparte que a esa edad, los niños tienen muestras sinceras de cariño que le hacen saber que representa una figura importante en su vida.

“Es demasiado difícil, el avance es poco, ellos demandan tu energía, tu paciencia, toda tu atención, tus ganas; es un sector en el que pocos maestros se animan a trabajar porque mientras un adulto aprende un programa en tres meses, un niño necesita todo un ciclo escolar para hacerlo. Además que se necesita respetar las fases sensibles de los pequeños, para no lastimarlos o someterlos a rutinas que no van de acuerdo con su edad”.