Conquistar conciencias, otro capítulo de la nueva Guerra Fría

James Breiner es un experimentado periodista nacido en Estados Unidos, pero adoptado ya por muchos otros países. Desde la academia ha brindado grandes aportes en México, China y ahora en España, aunque realmente se ha convertido en la última década en un periodista especializado en los nuevos modelos de negocios para los medios, especialmente los emprendimientos digitales.
James es un buen amigo y un analista sesudo, y esta semana me llamó mucho la atención un texto publicado en su blog, News Entrepreneurs, bajo el título en español En Europa del Este, una batalla en los medios por las mentes y los corazones. (Leer aquí)
El texto revisa estas recientes acusaciones hechas por el régimen de Vladimir Putin en Rusia en contra de los nuevos medios que han ido naciendo en países de la antigua URSS o que estuvieron dentro de la llamada Cortina de Hierro, los países que fueran comunistas hasta la década de los años 90 del siglo pasado.
La crítica se centra en aquellos que han nacido gracias al financiamiento de organizaciones como Open Society, de George Soros, o de USAID, o que reciben fondos de fundaciones de Estados Unidos y de otras que promueven derechos humanos y libertad de expresión.
Es un nuevo episodio en esta nueva versión de la Guerra Fría, donde el poder capitalista de Estados Unidos se enfrenta a lo que fuera el bloque comunista que ahora encabeza Putin. El gobierno ruso acusa a estos medios emergentes y a sus financiadores de manipular conciencias y quererles convencer de que los malos son los que la prensa pro Putin, considera los buenos de la película.
Y no es nuevo. En realidad la prensa nació como un instrumento ideológico que ayudó a consolidar democracias en contra de las monarquías.
Tampoco es nuevo ver que en el mundo existan intereses políticos y económicos que usan a los medios de información como armas para la propaganda.
Lo que es interesante ver es que esa nueva versión de la guerra por las conciencias, que bien describe James Breiner, tiene sus versiones tropicalizadas en nuestra América Latina.
Venezuela es sin duda el mejor ejemplo, pues mientras la prensa pro Maduro no se cansa de seguir alabando las proezas del dictador, los medios anti Maduro hacen lo propio para descalificar cualquier acción del oficialismo y el propio presidente Nicolás Maduro ha acusado a su prensa hostil de recibir financiamiento externo, especialmente estadounidense.
¿Y en México?
En México, Open Society y USAID han apoyado por muchos años proyectos de derechos humanos y de libertad de expresión, cursos de capacitación para periodistas y becas para el ejercicio profesional.
No hay evidencia periodística que documente intromisión extranjera en la prensa nacional, como sucedería en la Europa del Este o en Venezuela, y quizá no haga falta, porque la “mala prensa” se la ha ido ganando el propio gobierno federal desde que descalifica a los medios críticos desde la campaña y el periodo de transición.
Lo lamentable es que la polarización mediática solo ha servido para elevar la vulnerabilidad de las y los periodistas, como lo denunció recientemente la organización Artículo 19 (que ha recibido recursos de USAID en México).
El pleito del presidente contra las empresas de medios y sus propietarios se lleva entre las patas a quienes trabajamos con la noticia todos los días y que, en tono alarmante, somos quienes estamos en las calles, vulnerables ante un acto de agresión de los dos bandos que han promovido quienes aplauden o quienes le lanzan jitomatazos al presidente.

*Periodista. Autor del Manual de autoprotección para periodistas y de la Guía de buenas prácticas para la cobertura informativa sobre violencia.