El futuro del mundo: migraciones forzadas

Por Daniel Bocanegra Osornio*

En días como en los que vivimos resulta complicado ser empáticos con las situaciones que se presentan en otras regiones; se ha perdido la capacidad humana de entender el dolor de las migraciones, de dejar atrás lo que se ama con la expectativa de encontrar un futuro más prometedor en otro sitio.
Cuando pensamos en el fenómeno de la migración, generalmente se nos viene a la cabeza aquella que se produce en virtud del afán de las personas de crecer profesional o laboralmente, con la intención de acceder a un mejor futuro, sin embargo, ¿qué pasa cuando se trata de huir de tu lugar de origen para salvaguardar tu integridad física o incluso tu vida?
Pocos reflectores ha causado la migración de personas producto del cambio climático. Salta a la luz este tema en el entorno mexicano, pues hace apenas semana y media se declaró una contingencia ambiental Fase II en la Ciudad de México, producto de la pésima calidad del aire que se respiraba, superando los 240 puntos IMECA al tener una gran cantidad de presencia de ozono y de partículas suspendidas totales. ¿Qué tan mal estamos haciendo las cosas para que el aire que respiramos nos asfixie?
La situación es crítica: si una ciudad no puede dar la más mínima certeza de desarrollo físico y emocional de una manera adecuada, así como que la salud y la vida no están comprometidas, cualquier persona pensaría en desplazarse a otro lugar.
Como ya ha ocurrido en Sudáfrica, la India, Haití o República Dominicana, por poner algunos ejemplos, la pérdida de la biodiversidad, la reducción de los recursos naturales, la contaminación, las sequías o inundaciones productos del cambio climático, han forzado a las personas a huir de su tierra sin miramientos. Esto pudiera reproducirse en poco tiempo en México, si no se atiende el problema de una manera responsable y consciente.
La encrucijada en la que se encuentran todas las naciones del mundo, se da en función de que el concepto “sustentabilidad” no ha sido encauzado desde una visión general, se ha privilegiado el desarrollo económico para crear satisfactores personales que se contraponen a aquellos que bien pudieran considerarse intangibles, como es el caso del entorno medioambiental.
Estamos a las puertas de un movimiento inusitado de personas, buscando refugio ante situaciones adversas con las que no pueden lidiar. Lamentablemente, el fenómeno impactará primeramente a las poblaciones menos favorecidas, viéndose obligadas a trasladarse a los países con un mejor índice de desarrollo y bienestar, los cuales enfrentarán un reto político y de gobernanza que nunca se había visto en la etapa contemporánea: asumir el ingreso de masas y lograr proveerles los satisfactores suficientes.
La masificación de las migraciones se dará en mayor proporción durante los próximos años de manera irreversible, sin embargo, aún es momento de que todos los gobiernos del mundo colaboren para frenar un impacto tan objetivamente adverso, coadyuvando con las naciones menos desarrolladas del planeta, inhibiendo y previniendo las consecuencias del cambio climático y, por otro lado, creando programas y estructuras sólidas que permitan mitigar en lo posible la degradación de nuestros ecosistemas naturales y artificiales.

*Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Querétaro, asociado en la firma Ballesteros & Mureddu S.C.