¿Toda la publicidad es “chayote”?

Es “la forma más baja de corrupción y violación más primitiva a la ética profesional”. Con esas palabras, el periodista Raymundo Riva Palacio define, en su libro Nuevo Periodismo, el famoso “chayote”, esa dádiva monetaria que fue llamada así un caluroso día de 1966, cuando personeros del presidente Gustavo Díaz Ordaz llamaban a reporteros a darse una vuelta por un árbol de chayote, al que “le estaban echando agua”, según cuenta Julio Scherer en el libro Los Presidentes.
Y es que en aquel momento de 1966, mientras el presidente daba un discurso en algún lugar de Tlaxcala, según cuenta Scherer, su equipo de prensa se dedicaba a repartir dinero entre los periodistas allí presentes, para que hablaran bien del jefe. Obvio, sin recibo de por medio, por eso es ilegal.
Pero ni todos los periodistas cobran dinero sucio de esa forma, ni todos los políticos lo ofrecen, aunque sí es uno de los grandes males del periodismo mexicano.
Recuerdo cuando otro periodista, Gerardo Albarrán de Alba, me comentaba que antes veía a los periodistas “chayoteros” con desprecio, hasta que se dio cuenta de que la corrupción entre colegas debemos más bien erradicarla, denunciarla y, si es necesario, hasta evidenciarla.

Otro campo de batalla

El presidente Andrés Manuel López Obrador abrió la semana anterior un nuevo frente de batalla en su absurda guerra personal contra periodistas e hizo escarnio público de este tema, al presentar en su conferencia mañanera la lista de periodistas que en la administración anterior recibieron dinero público.
Este nuevo frente es innecesario, porque el presidente manipula la información que adereza con sus apreciaciones personales.
El 20 de agosto de 2018, cuando iniciaba la transición de poderes, en un texto publicado en el semanario Proceso ya se había publicado esta famosa lista bajo el encabezado de El top ten del chayote.
El texto de aquel agosto, firmado por Julio C. Roa, privilegia interpretaciones personales y sobre todo fobias en contra de colegas de esa lista. Recuerdo que, en su columna Miradas de reportero, Rogelio Hernández López aseguraba que el autor de la nota de Proceso parecía más un “periodistófago” que reportero.
Hoy, López Obrador hace algo muy similar y a sus interpretaciones personales les agrega valoraciones muy lamentables, como suponer que “chayote” y publicidad son la misma cosa.
El presidente olvida quizá que los contratos de publicidad son acuerdos mercantiles entre al menos dos partes, en este caso el gobierno federal y empresas de medios.
En la lista aparecen nombres de periodistas y la empresa con la que están relacionados, lo que no significa que el periodista sea propietario o socio mayoritario de la empresa en cuestión. En otra columna, da la cifra de publicidad contratada, lo que en todo caso el presidente debió acompañar de copia de los contratos respectivos para ver en qué consiste esa publicidad.
Cuando el presidente dice que las y los periodistas que recibieron recursos a cambio de publicidad son “chayoteros”, entonces el presidente estaría afirmando que toda la publicidad que paga el gobierno (incluida la de su gobierno o la de cualquier gobierno de Morena) es “chayo” y, por lo tanto, es corrupción.
Generalizar de esa manera desde la estrecha visión presidencial solo abona, una vez más, a la vulneración de las y los periodistas.
Quizá lo que debiera ocuparnos es que, por ejemplo, lo que se pagó a publicidad a algunos periodistas, supera el presupuesto total asignado al Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, que este año, por cierto, tendrá menos recursos que en 2018, al pasar de 260 a 207.6 millones de pesos.
PD. Presidente, apoyo su postura de erradicar la corrupción hacia la prensa, pero parafraseándolo a usted… comience a barrer las escaleras de arriba abajo y comience haciendo públicos todos los contratos de publicidad con las grandes empresas de medios y cambiando las reglas del juego para que los medios pequeños tengan acceso en igualdad de condiciones al gasto gubernamental de comunicación social.

*Periodista. Autor del Manual de autoprotección para periodistas y de la Guía de buenas prácticas para la cobertura informativa sobre violencia.