Vivirás tu vida en estas seis palabras

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Las seis palabras son: “Pon atención. Asómbrate. Cuéntaselo a otros”. Esta máxima no se encuentra asentada en un texto religioso ni en un manual de filosofía. Es un poema surgido de la pluma de Mary Oliver, una laureada poeta que falleció en enero pasado. Poco conocida en México, su prestigio en el mundo literario es intachable, pues se hizo acreedora tanto al Premio Pulitzer como al Premio Nacional de Poesía de los Estados Unidos.
El poema se intitula Instrucciones para vivir una vida. En su asombrosa sencillez, su media docena de palabras me ha abierto los ojos como pocas cosas en la vida, al tipo de relación que he de llevar conmigo mismo, con el mundo y con mis semejantes. Repasémoslas:
1. Pon atención. Este primer verso se refiere a una idea fundamental en la historia del pensamiento: darse cuenta del momento presente. O como dirían los filósofos: pasar de la conciencia a la consciencia. Porque solo cuando pones atención a aquello que interrumpe de súbito tus sentidos, es cuando verdaderamente traspasas el umbral del ser.
2. Asómbrate. Una vez que el instante observado haya captado tu atención, no te quedará sino responder como un niño de cinco años que suelta un “¡aah!” o un “¡ooh!” ante una diligente abeja que se posa en una flor o ante la aliviadora sensación de una gota de lluvia que le resbala por el rostro. Es en momentos vitales como estos cuando rasgas el velo de la existencia.
3. Cuéntaselo a otros. El tercer paso es crucial: transmitirle, a quien esté dispuesto a oír, el momento mágico que viviste, para así esparcir –a los cuatro vientos– las maravillas del universo. A este acto vital también se le llama, por cierto, amor… un puente que une, en uno solo, el latir de tu corazón al de la humanidad misma, puesto que, como sabiamente decían los abuelos mayas: “somos un solo corazón”.
Para concluir, y siguiendo el mandato de contárselo a otros, te comparto unos versos más de la añorada poeta: “Cuando llegue mi final quiero decir: toda mi vida fui una novia que contrajo matrimonio con el asombro. / Fui el novio que arropó al mundo en sus brazos”.
Y qué decir de este fragmento de El día de verano: “Dime, ¿qué planes tienes para / tu única vida, indómita y preciosa?”. O de este, de uno de sus poemas más sublimes: “Para vivir en el mundo / debes ser capaz / de hacer tres cosas: / amar lo que es mortal; / sostenerlo / contra tus huesos sabiendo / que tu vida misma depende de ello; / y, cuando llegue el momento de dejarlo ir, / dejarlo ir”.
Afortunadamente, no somos los únicos en sentirnos transformados por el poder mágico del lenguaje creador de esta narradora. El escritor Nicholson Baker declara, en voz del protagonista de una de sus novelas: “Mary Oliver me ha salvado la vida, pues me ha vuelto más seguro en lo que hago. Sus poemas son muy simples, pero cada uno de ellos tiene lo suyo”. En similar sintonía, Ruth Franklin –crítica literaria de la revista The New Yorker– apunta: “El encanto de Oliver es su accesibilidad: escribe sus versos en un estilo conversacional…[y] ofrece a sus lectores una liberación espiritual que tal vez ni siquiera se habían dado cuenta de que andaban buscando”.