Del rencor al perdón

“Me encantan los rencores; los cuido como pequeñas mascotas”. Esta frase, pronunciada por uno de los personajes de la serie televisiva Big little lies (Pequeñas grandes mentiras) -transmitida actualmente en HBO- condensa de una manera ingeniosamente cruel la razón por la que a los seres humanos se nos dificulta tanto perdonar a aquellos que nos ofenden.

Intrigado por la frase de marras, Tim Herrera, columnista del New York Times, se dio a la tarea de indagar con mayor profundidad sobre el tema y me motivó a mí, de paso, a hacer lo mismo. Te comparto, lector/lectora, lo que descubrí.

El rencor es la respuesta a una transgresión

En su libro Communicating forgiveness (Comunicar el perdón), Vincent Waldron explica que una transgresión es un acto deliberado para infringir un daño emocional a otra persona. Por ejemplo, podemos sentirnos humillados como resultado de una agresión verbal, traicionados por una infidelidad o ignorados por no haber sido tomados en cuenta en un asunto importante.

Las transgresiones, causa frecuente de conflicto en las relaciones interpersonales, se clasifican en tres categorías: la primera se da cuando sentimos que el ofensor nos ha faltado al respeto o nos ha hecho sentir inferiores o incompetentes; la segunda se presenta cuando el ofensor “rompe las reglas del juego” (como sería el caso de una infidelidad en una relación romántica); la tercera se da cuando se comete alguna injusticia contra nosotros. Este tipo de transgresión es común en el lugar trabajo, ya sea que el jefe muestre favoritismo hacia determinadas personas o que un colega se “cuelgue la medalla” por cosas que no hizo.

Sin embargo, el grueso de las transgresiones no se da en el espacio laboral, sino en el ámbito familiar, sobre todo entre padres e hijos, cónyuges y hermanos. También son de esperarse en relaciones de amistad o románticas.

Perdonar es mostrar misericordia ante una transgresión

Waldron afirma que el perdón se da cuando la parte ofendida muestra misericordia hacia el ofensor, abriendo así las puertas a una posible reconciliación. En una investigación realizada con parejas casadas, encontró que las transgresiones mayormente merecedoras de perdón son las económicas (por ejemplo, mal manejo de dinero), las de los padres hacia los hijos, las relacionadas con temas de salud y adicciones, conflictos con parientes, agresiones verbales y diferencias de personalidad, entre otras.

Perdonar nos libera del rencor

Herrera, el columnista antes citado, preguntó a sus lectores qué sensación les quedaba tras haber perdonado. Así respondieron algunos: “Genial, realmente liberador”, “fue un alivio”, “es como purgarte para liberar espacio cerebral”.

El rencor nos enferma físicamente

En mi indagación me encontré con un estudio realizado por Everett Worthington, un psicólogo clínico, quien reporta que aquellos que se instalan en el rencor, son personas que tienden a presentar problemas de presión arterial, debido al estrés que generan ellos mismos. Explica que el rencor se encuentra asociado con emociones tales como el resentimiento, la amargura, el odio, el enojo y el miedo. No es por lo tanto de extrañarse, concluye, que negar el perdón vaya de la mano con una salud física deficiente.