¿Qué tan bien te conoces?

“Conócete a ti mismo”. A todos nos resulta familiar este aforismo de Sócrates. De lo que no estoy tan seguro es de qué tan bien conozcamos su significado. Conocerme, sí, pero ¿en qué y de qué manera?, ¿en mi forma de pensar y sentir?, ¿en mis hábitos?, ¿en mis fortalezas y debilidades?

Lo que sí es seguro es que el filósofo griego se refiere a aquello que nos define como personas. Es decir, a nuestra manera de ver el mundo y de vivir la vida. En la medida en que nos conozcamos más a fondo, tendremos más claridad de aquello que nos resulta crucial y trascendente.

El tema viene 100% al caso en esta época de tuits, ‘selfies’, ‘whatsapps’, ‘Face’ e Instagram. Cabría preguntarnos si las fotos o frases que compartimos en las redes sociales nos muestran tal como somos o como quisiéramos que los demás nos vieran. ¿Somos verdaderamente honestos al mostrarnos en nuestras virtudes y defectos, o más bien nos mueve el deseo de ganarnos ‘likes’ y caritas felices?

Steven Hayes –un profesor universitario– reflexiona al respecto en un ensayo publicado en la revista Psychology Today: “A la gente, en particular a los más jóvenes, les resulta cada vez más difícil saber lo que valoran…la cascada de palabras e imágenes que hemos desatado sobre nosotros mismos nos abruman en lo psicológico”.

De ahí la urgente necesidad de retomar el dictado socrático de conocernos a cabalidad en nuestro ser interior. Hayes nos plantea algunas preguntas que nos ayudarán en esta tarea. Si las respondes a satisfacción, puedes decir que te conoces de manera genuina.

¿Quiénes son tus héroes?

Responder el Hombre Araña, la Mujer Maravilla o cualquier otro personaje de cómic no es la mejor manera de empezar, pues lo que se busca es que identifiques a personas en tu vida que significan algo especial para ti. ¿Cuáles son los valores y principios que los distinguen y a través de qué acciones han contribuido a hacer de este mundo un lugar mejor?

¿Cuáles son los momentos más gratos de tu vida?

Piensa en ocasiones específicas en las que sentiste una gran vitalidad o estuviste profundamente conmovido. Revive en tu mente dichas experiencias y toma nota de cómo te sientes trayéndolas a tu presente. Si batallas para encontrar estos recuerdos, es posible que no te conozcas tan bien como pensabas.

¿Cuál ha sido tu dolor más grande?

Si algo te duele en el alma, es porque se relaciona con algo que valoras en grado superlativo. Por ende, tu respuesta arrojará una mayor claridad sobre tus valores personales. ¿Alguien no creyó en ti o traicionó tu confianza?, ¿sí?, ¿quién?, ¿cuál es la razón por la que sus acciones te lastimaron? Si tu respuesta es “perdí a alguien o algo valioso”, tu carencia será indicativa de tristeza. Si se trata de algo que sucedió y no debería haber sucedido, revelará un enojo que has venido cargando.

¿Sientes alegría y optimismo al iniciar un nuevo día?

Si la respuesta es afirmativa, podríamos inferir que has identificado aquello que te impulsa en la vida. Si abres tus ojos con desánimo o con el ceño fruncido, pregúntate qué es aquello que ha bloqueado tu tránsito por el sendero de la felicidad. Y si no sientes nada en particular, ¿hasta qué punto has permitido que la rutina neutralice tu energía?