¿Es usted feliz, feliz, feliz?

¿Usted se siente feliz, feliz, feliz? Antes de responder, hágase una serie de preguntas relacionadas con qué tan satisfecho está con la vida; cómo anda su fortaleza de ánimo y sentido de vida; para luego realizar un balance anímico, promediando sus estados positivos con los negativos.
Para valorar su satisfacción con la vida en general, conteste -en una escala de 0 a 10, donde 0 representa total insatisfacción y 10 total satisfacción- dónde se ubica; luego, califique qué tan complacido está en los siguientes ámbitos: relaciones personales, actividad u ocupación, vivienda, logros en la vida, perspectivas a futuro, nivel de vida, vecindario, tiempo libre, ciudad, país y seguridad ciudadana.
Enseguida, evalúe – utilizando la misma escala, en donde donde 0 implica que está en total desacuerdo y 10 en total acuerdo – su fortaleza de ánimo y sentido de vida, diciendo qué tanto se identifica con los siguientes enunciados: 1) Lo que hago en mi vida vale la pena, 2) Soy una persona afortunada, 3) Soy libre para decidir mi propia vida, 4) Tengo un propósito o misión en la vida, 5) Me siento bien conmigo mismo, 6) Tengo fortaleza frente a las adversidades, 7) El que me vaya bien o mal depende de mí, 8) Soy optimista con respecto a mi futuro, 9) La mayoría de los días siento que he logrado algo y 10) Cuando algo me hace sentir mal, me cuesta volver a la normalidad.
Entre más considere que las primeras nueve frases tienen que ver con su vida, mayor fortaleza de ánimo mostrará; y entre más coincida con la décima, esta será menor.
A continuación, con el fin de hacer un balance anímico o afectivo sobre usted mismo, examine (de 0 a 100) qué tanto influyeron en usted -ayer- los siguientes estados de ánimo positivos y negativos: a) Enfocado vs. aburrido o sin interés en lo que hacía, b) Emocionado o alegre vs. triste o deprimido, c) Buen humor vs. mal humor, d) Tranquilo vs. preocupado o estresado y e) Con vitalidad vs. sin vitalidad. Su balance general anímico resultará al restar el puntaje negativo al de los estados positivos.
Y no, esto no tiene nada que ver con un test, de esos que abundan en las revistas del corazón; se trata de una medición basada en lineamientos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Geografia (INEGI) -denominada Indicadores de Bienestar Autorreportado de la población Urbana- y que se suma a la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO).
Y precisamente de este estudio salieron los datos del presidente López Obrador para asegurar la semana pasada que “el pueblo está feliz, feliz, feliz”, debido a que las cifras -al mes de enero de 2019 -arrojaron que el promedio de satisfacción con la vida, de la población adulta urbana, se ubicó en 8.4; cuando en el mismo mes de 2018 era de 8.2. La cifra más baja (7.9) reportada por el INEGI, fue en enero de 2017.
¿Cómo la ve? Yo, por lo pronto, en un contexto en el que a los gobernantes les cuesta trabajo llamar a las cosas por su nombre (los feminicidios son homicidios; no hay recesión, la economía está estancada; vamos muy bien, aunque haya un cero por ciento de crecimiento; etc.); en donde no podemos tener la seguridad de si nuestros padres, madres, hijos, hijas, amigos, amigas, compañeros y compañeras – o nosotros mismos- seremos víctimas hoy, mañana o pasado, de algún delito que pueda costarnos la vida… no me siento muy feliz, feliz, feliz que digamos.
Y más allá de las mediciones -en mi entorno personal (familiar, laboral y de amistades)- percibo también preocupación, molestia, insatisfacción, nerviosismo e incertidumbre.