Tengo un sueño…

¡Un policía violó a una mujer dentro de las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, cuando ella había acudido a presentar una denuncia!
¿Qué diablos pasa por la cabeza de un hombre para tomar -como si fuera un objeto- a una mujer y abusar sexualmente de ella?, me pregunto cada vez que suceden cosas así… sin encontrar una respuesta que me satisfaga.
¿En qué momento, un sujeto visualiza la vagina de una mujer -sin importar si se trata de una desconocida, una amiga, una vecina, su esposa, una niña, una joven, una mujer adulta o una anciana- como el almacén de sus más bajos instintos?
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia sexual es “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona, mediante coacción por otra persona; independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”.
La coacción puede darse mediante el uso de la fuerza, la intimidación psicológica, la extorsión, las amenazas; y la violencia sexual también está presente cuando la mujer no está en condiciones de dar su consentimiento (por estar bajo los efectos de drogas o alcohol, dormida o mentalmente incapacitada).
Los psicólogos, los criminalistas y los sociólogos tendrán sus respectivas explicaciones sobre los factores que influyen en los perpetradores; y seguramente nos hablarán del consumo de alcohol o drogas, de antecedentes de abuso físico o sexual en la niñez, de comportamientos antisociales, de una escasa educación, de ideas tradicionales y sociales sobre la superioridad masculina, de leyes poco rigurosas y de impunidad, etc.
Pero ¿de qué sirve todo esto, cuando el panorama no cambia? Y, no solo eso, ¡parece empeorar cada vez más!, ¿de qué sirven las políticas públicas anunciadas “pomposamente”, cuando miles de mujeres padecen diariamente las consecuencias físicas y psicológicas de esta conducta masculina?
Hoy lloro de rabia e impotencia por todos aquellos golpes, embarazos no deseados, abortos inseguros, infecciones de transmisión sexual, depresión, ansiedad, comportamientos suicidas, suicidios y feminicidios… producto de la violencia sexual de la que han sido víctimas las mujeres en este país.
También me martiriza el siquiera imaginar que alguien cercano a mi -o incluso yo misma- pudiéramos convertirnos, de un momento a otro, en parte de la estadística.

Y sí… tengo un sueño, parafraseando a Martin Luther King y a Simone de Beauvoir: ¡Sueño con que un día, el problema de la mujer deje de ser siempre un problema de hombres…