¿Harry Potter a la hoguera?

Pareciera que el espíritu de Torquemada, el temido inquisidor del Santo Oficio, hubiese tomado control del alma de un reverendo: Dan Reehill, quien la semana pasada tuvo a bien decretar que los libros de Harry Potter son cosa del demonio. “Los hechizos y conjuros utilizados en estos libros (declaró) son reales; quien los lea corre el riesgo de conjurar espíritus del mal”. Como resultado, los siete tomos de la serie de JK Rowling fueron retirados ipso facto de la biblioteca de una escuela católica de Nashville.
Tristemente, personajes tan pintorescos como el reverendo no son simples resabios del pasado. Para empezar, la Congregación para la Doctrina de la Fe, sucesora de la Santa Inquisición, sigue vivita y coleando (en los años 80, por cierto, fue presidida por Joseph Ratzinger, el actual Papa emérito). Si bien ha perdido el descomunal poder que llegó a tener, es aún responsable de custodiar la doctrina católica.
No son lejanos los tiempos en que, si una obra literaria carecía del sello de ‘Imprimátur’, no era considerada una lectura autorizada para los fieles católicos. Entre los libros que en su momento fueron prohibidos por la Iglesia Católica se encuentra, ni más ni menos, El origen de las especies, de Charles Darwin. Ya en la era actual, la novela El código Da Vinci, de Dan Brown (2003), fue condenada por el Vaticano. En esta obra de ficción se aventuraba que María Magdalena habría procreado a una hija de Jesucristo; la condena no impidió que las ventas del ‘best-seller’ alcanzaran los 80 millones de ejemplares.
En México no cantamos mal las rancheras. En 2001, Carlos Abascal –secretario del Trabajo en el régimen foxista– hizo una rabieta cuando se enteró de que la maestra de español de su hija de secundaria la había puesto a leer Aura, una novela corta de Carlos Fuentes. El motivo del enojo del iracundo progenitor fue que este trabajo literario contenía “pasajes inapropiados”. Santo remedio: corrieron a la maestra. Tras el fallecimiento de Abascal, en 2008, Fuentes declaró: “Aura fue objeto de un acto de censura que yo agradezco, porque gracias a esa censura se multiplicaron las ventas del libro”.
Sin embargo, no todo es cuestión del dogma católico. En 1989, el ayatolá Ruholá Jomeini, guía espiritual de Irán, hizo un llamado público a sus seguidores para acabar con la vida del escritor Salman Rushdie, autor de la novela Los versos satánicos, por la supuesta irreverencia con la que Rushdie trata al profeta Mahoma, fundador del Islam. El novelista hubo de permanecer escondido durante 10 años y, por fortuna, sigue vivito y coleando. Jomeini no tuvo tanta suerte, pues murió a los pocos meses del funesto veredicto.
Regresando a Carlos Fuentes, Aura se encuentra entre los libros que personalmente recomiendo a mis alumnos universitarios. Uno de ellos lo acaba de leer y le pareció fascinante. En cuanto a JK Rowling, la escritora británica debe sentirse más que satisfecha: su obra literaria ya superó los 500 millones de ejemplares vendidos.