Apropiación cultural (I de II)

La semana pasada, la compañía de juguetes Mattel, fabricante de las muñecas Barbie, anunció la salida al mercado de Barbie La Catrina, inspirada en la elegante mujer calavera que solemos representar en Día de Muertos. Esta Barbie, adornada con flores de cempasúchil y mariposas monarca, se vende en alrededor de 2 mil pesos. Sin embargo, independientemente del elevado costo, me pregunto qué tan válido es comprarle a una empresa transnacional muñecas inspiradas en la tradición mexicana.
¿Sabrán las pequeñas que la agreguen a su colección que La Catrina es fruto de la imaginación del caricaturista José Guadalupe Posada?, ¿tendrán acaso idea -ellas o sus padres- de que la intención que animó al talentoso ilustrador fue la de burlarse de la hipocresía de la sociedad porfirista? (Por cierto, esta calaca “fifí” fue bautizada con el nombre de La Catrina por Diego Rivera, quien la pintó en uno de sus murales vestida de gala y con estola de plumas).
Ya el año pasado, Mattel había protagonizado otra controversia, con la salida al mercado de la Barbie Frida Kahlo, que presenta los rasgos faciales y peinado característico de la afamada pintora mexicana. Amazon vende la muñequita en mil 600 pesos, a pesar de que un juez mexicano prohibió su venta en nuestro país, ya que Mattel no pagó derechos a los herederos de la ilustre coyoacanense, legítimos propietarios de su imagen.
Ambas ediciones especiales de Barbie son un claro ejemplo de apropiación cultural, como se da en llamar a la práctica social mediante la cual ciertos aspectos de una cultura son copiados por integrantes de otra, sin respetar el contexto de la cultura de origen y, en ocasiones, banalizándola como colorida o exótica. De acuerdo con Nadra Kareem Nittle, estudiosa del tema, “la apropiación cultural típicamente involucra a integrantes de un grupo dominante que explotan la cultura de los grupos menos
privilegiados”.
Por su parte, Susan Scafaldi, autora del libro Who owns culture? (¿Quién es el dueño de la cultura?), precisa que la apropiación cultural implica apoderarse, sin permiso, de la vestimenta, música, bailes, vocablos, folclor, gastronomía, medicina tradicional y símbolos religiosos de otros grupos culturales.
Apunta Scafaldi que en los años 50 los músicos estadounidenses blancos se apropiaron de los estilos musicales de los afroamericanos, pues en aquel entonces las compañías disqueras preferían grabar los discos de los primeros y no de los segundos. Esto explicaría por qué Elvis Presley se convirtió en el máximo representante del rocanrol, y no los verdaderos creadores de este género, surgidos de los barrios negros.
No obstante, resulta extremadamente difícil establecer de manera contundente si casos como los mencionados son ejemplos sólidos de apropiación cultural o no. Es decir, si le preguntamos a los ejecutivos de Mattel si su intención era robarse aquello que no les pertenece, seguramente dirán que no, que solamente los animaba el propósito de rendir un homenaje a nuestras figuras artísticas y a nuestras tradiciones culturales.

(Continuará la próxima semana)