Un futuro sin líderes

Érase una vez un bosque que albergaba un espléndido árbol llamado México, del cual colgaban millones de capullos infértiles y cuyos vientres vacíos esperaban ansiosos. Y, no obstante la apremiante necesidad de engendrar a quienes en el futuro guiarían los esfuerzos hacia la obtención de sueños comunes, estos no habían podido ser preñados para desarrollar a quienes serían los líderes que lograrían tal objetivo.
Pero, ¿cómo no habría de suceder esto, cuando las orugas que salieron por décadas de los capullos fueron, desde su concepción, inyectadas con el ADN del agandalle y la voracidad; cuando los malos ejemplos apagaron la llama sagrada que alimentaría a quienes representarían mañana los intereses de sus iguales; cuando la opacidad y el individualismo se convirtieron en incertidumbre para toda una generación por venir?
Además, ya nadie ansiaba incubarse en esos capullos para líderes, y con sobrada razón: ¿quién querría pasar tanto tiempo preparándose para, al convertirse en mariposa, adquirir la enorme responsabilidad de orientar a una comunidad hacia un mejor porvenir, cuando el “futuro” sería tan solo de seis años?… Y, ¿para qué aprender a ser ético, íntegro y moral cuando aquellos que guiarían sus primeros vuelos, al terminar su metamorfosis, habían demostrado ser lamentables rebeldes desinformados que exigían privilegios sin sacrificios y que alimentaban el enojo social, olvidando promover la esperanza y la acción.
Triste panorama para toda una especie en peligro de extinción, que no acaba de entender que cuando se negocia a conveniencia con los valores que tendrían que apuntalar a generaciones por venir, nunca podrá haber un mañana alentador. Porque no son los peores incendios los que destruyen bosques, como no son las peores recesiones las que acaban con naciones enteras, sino el no preparar a quienes en un futuro plantarán más árboles o, en su caso, estimularán con su liderazgo la participación de un país hacia una nueva y mejor situación.
El vacío en el bosque de México es ya enorme. La historia completa de su supervivencia ha estado siempre unida a la lucha por la libertad, pero nadie sin recursos y una estrategia clara ha podido ser realmente libre. Y sin un liderazgo con un enfoque comunitario que guíe en un futuro sus pasos, una generación completa se quedará desorientada y sin capullos de vida, a la espera de que quien sea -tal vez un rapaz demagogo, un inepto tecnócrata o un viejo trepador destructivo-, le dé una pista de cuál es su misión y trascendencia en el mundo en el cual apenas sobrevive.
Quedará, pues, el bosque a la deriva, sin haber sabido jamás que el ejercitar la capacidad del verdadero líder de acompañar a otros en todos los niveles de experiencia y aprendizaje, es la única forma de obtener la congruencia entre lo que se es como nación, lo que se sueña en un futuro y lo que se hace para conseguirlo.