¡Paty, una mujer inquebrantable!

Paty Valle es una paratleta que ha escrito su nombre en la historia con 11 medallas paralímpicas a cuestas y ya tiene su boleto para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020

Los deportistas son una vitrina de adjetivos dependiendo de sus logros, pero siempre hay un ser humano detrás, que se observa a sí mismo más allá de los metales.
“Paty Valle es un ser humano que ama la vida, una persona con mucha energía en su interior, que disfruta todo lo que hace. No es fácil que la sociedad acepte a una persona con discapacidad, tienes que aprender a amar la vida para demostrar que eres una persona como cualquier otra”. Hace un mes consiguió su pase a los que serán sus séptimos Juegos Paralímpicos, boleto que logró en el Mundial de la especialidad, competencia a la que Paty pensó en no ir.

“Estaba llorando. Decidí no ir al Mundial. Llamé a mis hijas y les dije: ‘no voy a ir, ya no quiero dejarlas tanto. Estoy cansada, emocional y físicamente; además, yo sé que las personas esperan oro’. Ellas me abrazaron y me dijeron: ‘mamá, no te rindas’. También hablé con el psicólogo deportivo, quien me dijo: ‘Date esta oportunidad, sé que nunca habías estado tan desesperada por tantas cosas que tienes, pero yo sé que tú puedes’”.

Durante el Mundial, las cosas no salieron como se tenían presupuestadas: a la cita acudió una delegación de 18 paratletas, con expectativa de al menos 10 medallas; no obstante, antes de la participación de Valle, solo cayó el oro de Arnulfo Castorena.

“Mi competencia fue el último día, le pedí ayuda a Dios. Tenía que vencer el miedo, me sentía insegura, pero también sabía que había trabajado muchos años como para rendirme en ese momento. Me dije: ‘Traigo al mejor entrenador, sé del sacrificio de mis hijas, como para que hoy me venga a rendir’”.

En su prueba, Paty calificó tercera en la modalidad de pecho y segunda en los 100 libres. Para la final de los 100 metros mejoró cinco segundos, en tanto que en pecho finalizó en la tercera posición. “Empecé a llorar, y más cuando me dijeron que tenía mi plaza para Tokio. Ahora digo: con Tokio, me les voy. Voy por mi tiempo, el resultado viene solo”.

“Tú vas a caminar”

“Recuerdo perfectamente que cuando era pequeña lloraba, renegaba y protestaba, no solo a mi mamá, sino también a Dios, a quien reclamaba lo injusto que era, porque yo solo era una niña que quería jugar y correr como todos”, cuenta y su voz se quiebra. “Solo escuchaba a mi mamá decir: ‘Tú vas a caminar, el Señor hace caminar a los enfermos’. Llegó un momento en el que sentí que mi mamá era una mentirosa (llora), porque siempre me decía que yo iba a caminar… Hubo una oración de sanación en la que varias personas colocaron su mano sobre mi cabeza y oraron por mí; ese fue el último día que lloré y dejé de protestar. Empecé a disfrutar y ver lo que sí tenía”, su voz se quiebra nuevamente.

Un nudo se apodera de la garganta de Paty, el recuerdo le nubla los ojos, silencia su voz, para proseguir con lágrimas en los ojos.

“Hoy veo que mi mamá tenía razón: Dios hace caminar a los enfermos, yo estaba enferma del corazón y de la mente, no físicamente, pues me hizo caminar hacia mis sueños, a una vida normal. Veo la discapacidad como una bendición y no como un problema; digo la discapacidad porque yo no soy parte de esta, quizá está en mi cuerpo, pero he aprendido a hacerla a un lado para seguir caminando”.

Pasión por la vida

“Hace un mes robaron mis medallas paralímpicas, solo me dejaron dos; sé que lo hicieron por maldad, envidia, tal vez, no le veo otro sentido”, señala con una voz apagada y agrega: “Es una situación que ya solté, no las necesitó físicamente; además, agradezco porque me hace saber que soy vulnerable. La vida es mi pasión, disfrutar de cada cosa, sufrir y llorar cuando tengo que hacerlo”.

¿Qué te falta?, cuestionamos: “Ser un símbolo de las personas con discapacidad, decirles que somos personas que podemos ser productivas, con capacidad de ayudar a nuestro país y no solo estirar la mano para pedir. Tengo mucho por decir, no me voy a rendir hasta que lo consiga”.

La vida de un paratleta es más longeva que la de un atleta convencional, pero tras seis Juegos Paralímpicos y una edición más el siguiente año, Paty es consciente de que serán posiblemente sus últimos juegos.

“Quiero envejecer con dignidad, saludable, no me voy a acabar mi vida en el deporte. Tengo que hacerlo en el momento justo para que pueda descansar tranquila. Me gustaría ir a vivir a la playa, me encanta el agua e incluso ahí me gustaría morir”.

Paty Valle lista para competir en sus séptimos Juegos Paralímpicos