¡Es la muerte quien tiene el poder absoluto, no ellos!

Los mexicanos tenemos las agallas de burlarnos de la muerte, de ponernos al tú por tú con ella: A mí la muerte me pela los dientes, afirmamos sin el menor recato.
Los mexicanos sabemos lo que es ganarle la batalla a la muerte, en la última mordida que le damos a la calavera de azúcar o al pan de muerto.
Los mexicanos somos capaces de sentarnos en una tumba a comer los platillos favoritos de nuestros difuntos, literalmente: entre lágrimas y risas… porque ─lo sabemos bien─ De golosos y tragones están llenos los panteones…

Los mexicanos hacemos una fiesta de la muerte… al más puro estilo de don Chava Flores:

Cleto “El Fufuy” sus ojitos cerró,
todo el equipo al morir entregó;
cayendo el muerto, soltando el llanto…
-¡voy!, ni que fuera para tanto,
dijo a la viuda el doitor.

De un coraje se le enfrió, qué poco aguante;
lo sacaron con los tenis pa´ delante;
los ataques que Luchita, su mujer, había ensayado,
esa noche como actriz de gran cartel la consagraron.

Cuando vivía el infeliz, ¡ya que se muera!,
y hoy que ya está en el veliz, ¡qué bueno era!
Sin embargo se veló y el rosario se rezó,
y una voz en el silencio interrumpió:
-ya pasa la botella, no te quedes con ella.

Y la botella tuvo el final de Cleto:
murió… murió… murió.

Yo creo que adrede este Cleto se enfrió
pues lo que debe jamás lo pagó;
tipo malaje, no fue tan guaje:
con lo caro que está todo, regalado le salió.

El velorio fue un relajo, ¡pura vida!;
la peluca y el café fue con bebida;
y empezaron con los cuentos de color para ir pasando,
y acabaron con que Cleto ya se andaba chamuscando.

Se pusieron a jugar a la baraja
y la viuda en un albur… ¡perdió la caja!;
y después, por reponer, hasta el muerto fue a perder;
y el velorio se acabó, ¡hombre, no hay que ser!

Tengo en mi casa a Cleto
y ahora… ¿dónde lo meto?
Pero como ya dijo Luz, su señora:
-murió… murió… murió.

Los mexicanos veneramos a la muerte, le ponemos altares con imágenes de los seres queridos que ya chuparon Faros; entre flores de cempasúchil, papel picado, copal, cirios y veladoras.
La muerte forma parte, pues, de nuestra esencia, de nuestra idiosincracia; sin embargo, no dejo de preguntarme hoy, si de tanto guasear decidió recordarnos que es ella quien tiene el poder absoluto sobre nosotros… que es ella quien va ganando la batalla en la guerra contra la delincuencia; no los gobernantes ni los criminales, porque ellos ─al igual que el resto del “pueblo bueno”─ tarde que temprano, van a pelar gallo…