Cempasúchil, embellece el camino al Mictlán

‘Cempoalxochitl’, de origen náhuatl, que significa “flor de 20 flores”, es desde la época prehispánica la que adorna altares, entierros y ofrendas dedicadas a los muertos

Los mexicas consideraban que era una flor parecida al sol, que iluminaba y embellecía el camino de los que vienen del Mictlán, el inframundo.

De acuerdo con la mitología mexica, las mujeres decoraban su cabello con guirnaldas elaboradas con esta flor, las usaban durante la ceremonia en honor a Cihuacóatl, la “recolectora de almas”, mitad mujer, mitad serpiente, protectora de la raza y madre que lloraba la muerte de los dioses mexicas con un estruendoso “¡Ay, mis hijos!”.

Los primeros registros en lengua española de esta mítica planta datan de mediados del siglo 16, en el códice Florentino, y en los relatos de la Historia General de las Cosas de la Nueva España, escrito por San Bernardino de Sahagún entre los años 1540 y 1580, aunque hay registro de ella gracias a restos de ADN en ofrendas halladas en el Templo Mayor que han dado muestra de uso, no solo en festividades fúnebres, sino también en ceremonias, remedios médicos, ofrendas de alta alcurnia y comida tradicional.

La flor de cempasúchil se bebe en pulque o atole, se prepara en tortillas y guisos, en algunas comunidades aún se le da un uso medicinal como analgésico, en té para la gripa o antiespasmódico para cólicos e indigestión; inclusive, se utiliza para tratar problemas de la piel como verrugas, salpullido y llagas, cuentan las abuelas.

En México, Puebla es el estado que ocupa el primer lugar en la producción de esta flor, se estima que se producen 17 mil toneladas al año, con lo que se posiciona el estado con un 76.6 por ciento a nivel nacional.

La Cempasúchil (Tagetes erecta) ha posicionado a Atlixco, municipio de Puebla, como el primero en producción, con un estimado de 6 mil 499 toneladas anuales, seguido de los municipios de Tianguismanalco, Palmar de Bravo, Huaquechula, Santa Isabel Cholula, Huejotzingo, San Pedro Cholula, de un total de 45 municipios productores.

De igual forma, Puebla ocupa la primera posición en el cultivo de Flor de Terciopelo o Pata de León, la cual es adorno en altares de niños y mujeres, pues se dice que en ellas descansan sus ánimas luego de atravesar 13 niveles para llegar al mundo de los vivos. En Atlixco y Tehuacán se llegan a cosechar hasta 255 hectáreas. El Estado de México, Guerrero, Morelos y Guanajuato siguen a Puebla en la producción de esta flor.

Don Layus, nativo de Tarímbaro, Michoacán, cuenta a Notimex que ha sembrado Cempasúchil y Terciopelo desde que tiene memoria. Sus abuelos y bisabuelos las sembraban en épocas donde las tierras de El Colegio no eran ejidales y pertenecían a hacendados criollos. Y aunque asegura que el cerro ya no se llena de flor como antes, por el cambio climático, la deforestación y la falta de agua, estas cosechas mantienen a familias enteras.

“Este año se nos adelantaron las lluvias y la Pata de León es pesada y con mucha agua se cae y se pudre”. Asegura que cuando escasea el riego natural, la inversión aumenta, ya que para media hectárea se necesitan al menos 10 horas de riego con el agua del pozo, la hora está en 50 pesos y es pagada al municipio.

Señala que hay temporadas en las que la ganancia no supera los 5 mil pesos, debido a que hay que pagar ayudantes, los clientes regatean, el mercado de importación ha aumentado exponencialmente y si no venden antes del primero de noviembre, pierden.

Don Layus y sus dos hermanos, Simón y Ángel, así como el resto de las familias pertenecientes al rancho El Colegio inician el corte de las flores en la penúltima semana de octubre para que estén disponibles en plazas, tianguis y mercados los últimos días del mes.

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