Leyendas queretanas que dan miedo: Parte I

Brujas y fantasmas rondan las calles y campos del estado de Querétaro, espantando a los incautos en viejas casonas, conventos y panteones

Ha llegado el momento del año en que la barrera entre el mundo de los vivos y los muertos se hace tan delgada que permite a espectros, fantasmas y almas de los difuntos cruzar al plano terrenal sin mayor problema, ya sea para visitar a sus familiares o espantar a alguna persona desafortunada.

Al ser un lugar con mucha historia, Querétaro no es ajeno a las apariciones fantasmales y es el escenario de muchas leyendas que datan de los días de la Colonia. En sus calles y campos puedes encontrar desde brujas que gustan de perder a los fieles peregrinos, hasta almas en pena, víctimas de pactos con demonios.

Estos son algunos de los personajes de leyenda más emblemáticos del estado de Querétaro:

La novicia de Santa Rosa de Viterbo
Nombre: Sor Ana María de San Francisco y Neve
Dónde se aparece: Templo de Santa Rosa de Viterbo

Colgado en una fría pared de Santa Rosa de Viterbo, se encuentra un retrato de una hermosa jovencita de mirada triste y desolada por el amor que le fue arrebatado.
Ana María de San Francisco y Neve, hija de un acaudalado matrimonio de la época colonial queretana, fue obligada a adoptar los hábitos sagrados como castigo por enamorarse de un hombre inadecuado a los ojos de sus padres.

Poco se sabe de la causa de su muerte, pero por ello Ana María no pudo convertirse en monja y falleció cuando aún era una inocente novicia en el convento de Santa Rosa de Viterbo.

En aquellas épocas, era costumbre retratar a las integrantes de conventos al fallecer, y sin ser la excepción, el hermoso rostro de Sor Neve -como le llamaban cariñosamente a Ana María- fue plasmado en un lienzo que al poco tiempo adornaría las paredes del claustro.

Se dice entre voces que el espíritu de Sor Neve, lleno de tristeza y frustración, abandona su retrato por la noche, para vagar por el convento en búsqueda de su antiguo amor.

Las brujas de Colón
Conocidas por: Desviar de su camino a peregrinos
Dónde se aparecen: El camino hacia la Basílica de Soriano

Cuenta la leyenda que desde que comenzaron las peregrinaciones a la Basílica del Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, en el municipio de Colón, los viajeros se han topado con varios problemas durante su andar, desde asaltantes que aprovechan el cobijo de la noche para cometer sus fechorías, hasta brujas que los desvían de su destino final.

De acuerdo con relatos de peregrinos, las brujas de Colón se aparecen en los cerros que circundan Soriano, cercana la media noche; su apariencia es la de una esfera de fuego estática que no quema nada a su paso.

Quienes se han topado con estos seres comienzan a seguir el fuego, pensando que iluminan su camino para mantenerlos seguros; sin embargo, cuando amanece descubren, para su infortunio, que se encuentran en un lugar completamente distinto del que esperaban, siempre alejados de la basílica.

Afortunadamente, las brujas de Colón solamente son entes nocturnos y traviesos que gustan de extraviar a los peregrinos, por lo que es recomendable realizar este tipo de travesías durante el día y descansar al anochecer.

El contrato de don Bartolo

Nombre: Don Bartolo Sadanetta y Legaspi, “El Segoviano”
Dónde se aparece: Casa que se encuentra actualmente en la calle de Pasteur, en el Centro Histórico de Querétaro

Se rumora que a mediados del siglo XVII vivía en una casona de la ciudad de Querétaro don Bartolo Sadanetta y Legaspi, junto con su hermana Elvira, con quien se dice que mantenía una relación incestuosa.

Don Bartolo, mejor conocido como “El Segoviano”, era un hombre adinerado que se dedicaba a prestar dinero con altos intereses, lo que le permitía realizar fastuosas fiestas en cada uno de sus cumpleaños.

Durante estas celebraciones, don Bartolo realizaba un brindis, siempre con las mismas palabras: “Brindo por la señora mi hermana, por mi ánima y por el 20 de mayo de 1701”, sin dar explicaciones a nadie de la misteriosa fecha que aún no sucedía.

Los años pasaron, y justo el 20 de mayo de 1701, al sonar las campanadas de la media noche, se escuchó una fuerte explosión seguida de un silencio sepulcral en la casa de “El Segoviano”.

Los vecinos asustados esperaron hasta la mañana siguiente para investigar lo sucedido, solo para encontrarse con una escena atroz en la recamara principal de don Bartolo. En la cama yacía brutalmente asesinada doña Elvira, con un rostro de absoluto terror; unos dicen que su cuerpo se posaba sobre un charco de sangre, otros alegaron que el cuello de la señora había sido estrangulado por una fuerza sobrehumana.

Pero el terror no terminó ahí, pues en el techo de la habitación se encontraba una efigie humana carbonizada, que agonizante suplicaba clemencia a los cielos. No era otro más que don Bartolo. Los gritos de absoluto terror de los testigos siguieron de inmediato. Los vecinos se apresuraron a llamar a un padre, con la esperanza de que pudiera practicarle un exorcismo al “Segoviano”. El padre, renuente, accedió; y al realizar el rito, el cadáver humeante de don Bartolo cayó inerte al piso. En sus quemadas manos sostenía un trozo de papel con la frase: “Castigado así, por hipócrita, asesino y ladrón”.

Al registrar la macabra escena, las autoridades lograron rescatar del fondo de un armario lo que aparentaba ser un contrato celebrado entre don Bartolo y un tal Satanás. Entre los términos de ese acuerdo destacaba la venta del alma de aquel a cambio de riquezas, fama y fortuna; por un periodo que expiraría el 20 de mayo de 1701.

Ten cuidado al pasar los días 20 de mayo por la antigua casa de don Bartolo, pues es posible que el mismo Lucifer te ofrezca, con promesas de falsa felicidad, celebrar un contrato por la enajenación eterna de tu alma.

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