Leyendas queretanas que dan miedo: Parte II

Además de las brujas que rondan los campos queretanos y los demonios que buscan comprar tu alma, hay también monjas que se rehúsan a abandonar antiguos conventos y emperadores que regalan monedas de oro.

El regalo de Maximiliano
Nombre: Maximiliano de Habsburgo
Dónde se aparece: En el panteón de los Queretanos Ilustres

Dice la leyenda que el espíritu de Maximiliano de Habsburgo, fusilado en el Cerro de las Campanas, ronda a la media noche el Panteón de los Queretanos Ilustres, antes conocido como el Panteón de la Santísima Cruz de los Milagros.

Simón el sepulturero, responsable de procurar aquel camposanto, dijo que, durante una noche cualquiera, mientras limpiaba el cementerio, una voz masculina lo llamó desde las sombras con un efímero: “¡Sht, Simón!”. Y él, al escuchar su nombre, miró hacia la penumbra, donde no había nadie.

Pensando que se trataba de una broma, Simón continuó con su trabajo. Sin embargo, la misma voz volvió a invocarle, aunque en esta ocasión emanaba de una efigie sombría, que lentamente avanzaba en su dirección.

El cuerpo de Simón se paralizó, no gritó ni intentó defenderse, aun cuando la sombra extendió su brazo hacia él, revelando una mano hecha sólo de huesos que sostenía un objeto que depositó en la mano del petrificado sepulturero. La sombra desapareció y Simón cayó al suelo inconsciente.

Tres días después, Simón despertó desorientado en un hospital. Su mano aún sostenía el desconocido objeto. Al abrirla, se encontró con un “Maximiliano”, una vieja moneda de 14 quilates de oro.

Ahora ya lo sabes, existen seres que han pasado a la “otra vida” y que saben apreciar y agradecer a quienes cuidan y procuran el lugar de su eterno descanso.

Los asesinatos de la Zacatecana
Dónde se aparece: En su antigua casa, en el Centro Histórico de Querétaro

Originarios de Zacatecas, un acaudalado empresario minero y su bella esposa llegaron en el siglo 19 a Querétaro. Sin hijos y acompañados únicamente por su servidumbre, ocuparon una casona en lo que hoy es calle Independencia, en el Centro Histórico de la ciudad.

Durante los constantes viajes de negocios del marido, la “Zacatecana” -como fue bautizada la señora de la casa por los lugareños- debía de esperar fielmente su regreso.

Rápidamente se comenzó a especular que la señora sostenía un pecaminoso amorío con uno de sus sirvientes durante la ausencia de su esposo.

Se dice que, en un acto de locura, la Zacatecana sonsacó a su amante para que asesinara al señor de la casa, lo que ocurrió bajo la coartada de que el empresario había tenido que retirarse por razones de negocios. No bastando con orquestar el homicidio de su pareja, la Zacatecana enterró en su caballeriza el cadáver.

La relación carnal con su sirviente continuó mientras las especulaciones del pueblo crecían. Temiendo que su honra se viera manchada, la Zacatecana decidió acabar con la vida de su amante, asesinándolo ella misma y dándole sepultura en el mismo lugar donde ya yacían los restos de su esposo.

La ausencia de ambos sujetos fue inexcusable y tuvo por consecuencia que alguien practicara venganza contra la Zacatecana, pues breve tiempo después su cuerpo inerte fue encontrado apuñalado en la habitación principal del inmueble.

Aún se desconoce lo que realmente ocurrió en la casona, que ahora es un museo. Algunos de sus visitantes aseguran haber visto a una mujer asomada en el balcón de la residencia. Otros han dicho escuchar llantos y lamentos.

Leyendas queretanas que dan miedo: Parte I