México en la encrucijada: ¿vivir para trabajar o trabajar para vivir?

Pese a que más de la mitad de los trabajadores están en la informalidad laboral, los mexicanos tienen las jornadas más largas de los países integrantes de la OCDE, solamente después de Turquía y Colombia

Aunque 56 por ciento de los trabajadores en México se encuentra inmersos en la informalidad, es decir, no tiene acceso a la seguridad social, carece de pensión para el retiro y no cuenta con licencias de maternidad o paternidad; los empleados mexicanos laboran las jornadas más largas de los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), solamente después de Turquía y Colombia.

De acuerdo con datos proporcionados por dicho organismo internacional, los trabajadores mexicanos tienen jornadas de 45.2 horas por semana; mientras que el promedio de las naciones que conforman esa organización multilateral es de 36.6 horas laborales a la semana.

Como consecuencia de esta situación, el Instituto Mexicano para Competitividad (IMCO) advirtió: “los países más productivos del mundo se distinguen por tener un menor número de horas laboradas a la semana, dado que los periodos laborales excesivos contribuyen al agotamiento de los empleados y a una reducción de la productividad”.

Frente al desequilibrio generado entre el trabajo y la vida personal de los trabajadores por las jornadas laborales excesivas en el país, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) emitió la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018, para prevenir enfermedades como el estrés y la ansiedad.

“La NOM 035 tiene como objetivo establecer los elementos para identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial, así como para promover un entorno organizacional favorable en los centros de trabajo”, detalló la dependencia federal.

Una primera etapa de la implementación de esta normatividad entró en vigor el 23 de octubre pasado; desde entonces, los centros de trabajo deben instrumentar medidas de prevención de dichos padecimientos, identificar a empleados expuestos a hechos traumáticos graves y difundir información al respecto.

La segunda fase de aplicación de esta norma entrará en vigencia el 23 de octubre del siguiente año, cuando los centros laborales de todo el país deberán identificar y analizar factores de riesgo psicosocial, evaluar su entorno organizacional, tomar medidas y acciones de control, practicar exámenes médicos y registrar los resultados.

Tras la elaboración del estudio Trabajar sin dejar de vivir: mejores prácticas de integración vida-trabajo en México, el IMCO propuso desarrollar prácticas para mejorar la calidad de vida de los trabajadores, tales como: flexibilidad de tiempo o espacio, balance familia-trabajo, salud y bienestar, movilidad e inclusión de género.

“Las políticas de integración vida-trabajo son trajes a la medida y no deben sustituir un salario digno. Para que sean exitosas, cada organización debe diseñarlas con base en las necesidades de sus empleados y mantener una comunicación constante para evaluar su efectividad o los retos por atender, a fin de que incidan en todos los niveles (tanto administrativos como operativos)”, enfatizó.

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