Caravana con avión ajeno

No creo ser solo yo quien se sienta perpleja ante las increíbles decisiones de usted, querido presidente Andrés Manuel. Y no solamente me refiero al “generoso” acto de amor a Evo Morales, al otorgarle asilo político en nuestro país, salvándolo de un “gran peligro”; no obstante, su mismo canciller, Ebrard, declaró que Morales no corrió en ningún momento peligro.
Tampoco me voy a detener en lo sorprendentemente parcial -e ignorante- de sus declaraciones, al afirmar que su par ideológico había sido víctima de un golpe de Estado, cuando esto resulta imposible cuando no se ha sido elegido legítimamente como presidente, aunque usted, irresponsablemente y a nombre de todo México, fue uno de los muy pocos mandatarios que reconoció su dudoso triunfo.
De la misma forma, no puedo detenerme tanto -aunque debiera- en el hecho de que, independientemente de los aciertos de Morales como presidente en Bolivia, el atornillarse en el poder, usando a la democracia como mecanismo de reelección, fue razón suficiente para que un gran número de bolivianos decidiera que no deseaba convivir con lo que se convertiría inequívocamente en una -otra más- dictadura en Latinoamérica.
Y, no obstante que todo lo anterior debiera ser objeto de un profundo análisis, lo que me llena de fuego la sangre es que -de nuevo- usted y su pandilla utilicen nuestros recursos para ofrecer y otorgar un “aventón” de esa índole a un asilado.
Porque, hasta donde sabemos, la Fuerza Aérea Nacional debiera ser utilizada para atender NUESTRO espacio aéreo, NUESTRO territorio, NUESTRA soberanía y NUESTROS desastres naturales. Pero no, y mil veces NO, tendría que estar a disposición de sus ocurrencias ni mucho menos al servicio de un “amiguito” suyo.
Ahora, si con esto usted, señor presidente, desea dar un mensaje al pueblo mexicano en el cual quede más que claro que seremos de hoy en adelante un país amigo de quienes pretenden eternizarse en el poder y que -para colmo- habrá que permitirle utilizar el dinero del contribuyente para rescatar a sus “cuates”, pues tendremos que ir previendo que en un futuro no muy lejano también recibiremos a otros Morales, otros Castros y, lo que es peor, a un horrible Maduro; todos, personajes oscuros que impunemente se instalarán en nuestras tierras, en una gran mansión en Las Lomas de Chapultepec, subsidiada por los incautos que pagamos impuestos.
Y, para terminar de amolarla, seremos conocidos en el mundo entero como el país anfitrión de aquellos que simbolizan a los régimenes en los cuales un gobernante pretende presentarse como imprescindible para el desarrollo y bienestar de una nación, y que fracasaron en el intento.
Pero bien dicen que “el miedo no anda en burro” y muy probablemente lo que usted pretende con todo este absurdo es vacunarse en salud…