Ante las mentiras de Trump, las verdades de Gandhi

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En este mundo de ‘ asegunes’ , donde todo depende del cristal con que se mire, lo mejor que podemos hacer es ver con abierta desconfianza a cualquiera que se proclame dueño de la verdad. Sin embargo, la mentira, su alternativa opuesta, tampoco es un árbol de cuyos frutos uno quisiera alimentarse. Y si no, es cosa de preguntarle a Eva, a quien la serpiente le hizo creer que comer del fruto prohibido le permitiría distinguir el bien del mal para equipararse al Supremo Creador.

Si partimos entonces de que la verdad absoluta es una elusiva quimera y de que la mentira arquetípica nos llevó a ser arrojados del Paraíso, ¿de dónde pues asirnos? Mahatma Gandhi nos responde así: La verdad es inasible, pero esto no significa que no debamos procurarla.

En contra de lo que pudiésemos pensar, fue la verdad, y no la paz, la piedra angular del fundador de la India moderna: “El sendero de la paz es el sendero de la verdad; conquistar la veracidad es más importante que conquistar la paz”. De acuerdo con su perspectiva, si la paz engendra verdad, la mentira es la ‘ madre de la violencia’ . O, para decirlo en términos bíblicos, al optar por el fruto prohibido, el ser humano renegó del Paraíso (el bien) y abrió sus brazos a la violencia (el mal).

Si hacemos, pues, de la búsqueda de la verdad nuestra motivación en la vida, necesariamente nos alejaremos de la violencia. “El hombre veraz, –apuntaba Gandhi- no logrará ser violento durante mucho tiempo: en el curso de su búsqueda advertirá que no precisa ser violento”. Por el contrario, si nos dejamos llevar por la violencia cancelaremos la posibilidad de vivir en la verdad.

La reflexión anterior viene a cuento, pues la semana pasada tanto Malena Hernández como un servidor advertimos en este espacio de las maniobras de Donald Trump y de aquellos funcionarios públicos de nuestro país que lo emulan, quienes mañosamente tildan de ‘ fake news’ (noticias falsas) aquellas notas periodísticas que exhiben sus mezquinos intereses.

Tan retorcido es el colmillo de estos políticos, que recurren a la perversa maniobra de tachar de mentirosos a los periodistas que hablan con la verdad, para expiar a los Judas de la información, que se les venden por 30 piezas de plata o una jugosa cuenta en el banco.

En su clarividencia, el apóstol de la no violencia supo ver con claridad una realidad como la que vivimos hoy en día: “En todas partes veo que cunden la exageración y la mentira”. Sin embargo, lejos de caer en la resignación, refrendó su compromiso con la verdad, por más elusiva que fuera: “Pese a todos mis esfuerzos, no alcanzo a saber dónde se esconde la verdad; no obstante, tengo la impresión de que me aproximo a ella a medida que disminuye la distancia que me separa de Dios”.

Ante las falacias retóricas de Trump y sus ‘ wannabes’ de factura nacional, te insto entonces, lector/lectora, a transitar por el sendero que nos señala el librepensador indio: “La verdad reside en el corazón humano y uno debe procurarla allí…Nadie tiene el derecho de aplicar coerción a otros para que actúen según su propia visión de la verdad”.