Golpes que dejarán huella

Uriel Pérez es joven sonriente y amable a su paso, pero en el ring es un boxeador técnico, con pegada y gran inteligencia que hace temblar a más de uno.

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Del niño que siempre veía en las travesuras al lado de sus hermanos como la forma de divertirse, de hacer todo lo contrario a lo que se debería hacer, para después darse cuenta de que también el miedo lo invadía, forjaron al que se podría convertir en futuro campeón queretano de boxeo, Uriel Pérez.

Uriel llegó a Querétaro a los ocho meses, procedente de Veracruz, con la esperanza de sus padres de llegar a un lugar mejor, en el que las oportunidades de trabajo le dieran la opción de tener una mejor vida.

Su historia en el boxeo comenzó un poco tarde –si se toma en cuenta que los peleadores inician desde niños- fue hasta los 16 años cuando inició a labrarse su camino, que cinco años después le han dado éxitos, triunfos y ser reconocido como uno de los mejores.

“Mi papá me metió a los 16 años al boxeo. Antes estábamos en futbol americano, pero él quiso que nos saliéramos para no rompernos los huesos. Y nos dijo ‘quieren un deporte de contacto, pues métanse al box, porque ahí hay más futuro que en el americano, por lo menos en el boxeo tratarán de hacer algo’”.

Al inicio el deporte, empezó como algo que solo probaría, pero pasó lo inimaginable, enamorarse del boxeo: “me metí para calarle, a los siete meses mis hermanos entraron también y aquí estoy ahora…”.

Como amateur recuerda cerca de 45 peleas –es excelente con los puños, pero no con las fechas, como él comenta-, además participó en dos Olimpiadas Nacionales, pero las circunstancias no estuvieron de su parte y en ambas se quedó cerca del podio.

El proceso Olímpico nunca estuvo en su mente “nunca me gustó, siempre pensé ser profesional, en ese tiempo se sonaba mucho a Jordan (Gutiérrez, boxeador queretano que realizó parte del proceso Olímpico), ese boxeo es de muchos puntos, golpes rápidos. A mí siempre me ha gustado la pegada y el Olímpico no es mi estilo”.

Al seguir su carrera pronto llegó el profesionalismo, su debut se realizó en Salamanca, Guanajuato, ante José Luis Blanco a quien venció por nocaut, de ese día de 2014, lo recuerda como algo que cambió parte de lo que es hoy.

“Esa pelea la pararon en el tercer round y la sentí difícil, porque en ese tiempo me cansaba mucho, pues tenía buen golpeo, pero nada de box. No me gustó como ataqué, pero salí feliz de ganar”.

De ahí comenzó una racha de éxitos y triunfos que lo fueron colocando como el boxeador a seguir y a derrotar, pero como todo lo que sube tiene que bajar, llegó uno de los días más tristes en su carrera: su primera derrota, ante Samuel Garibaldi –era 2015- y un nocaut en el primer round le quitó parte de los sueños que ya se había construido.

“En Tijuana, Samuel Garibaldi me ganó en el primer round, nadie me había tirado, me han pegado más fuerte, pero nunca me habían tirado”.

Después de una nueva victoria, llegó la pelea que hasta la fecha le sigue causando ruido, pues fue una de las más dolorosas tanto para él como para su familia. Fue un 28 de noviembre de 2015, cuando en la Arena Ciudad de México, Antonio Morán lo mandó a la lona por segunda ocasión en su carrera.

“Morán lastimó mi carrera y quiero la revancha –aunque no se ha concretado, pues imponen sus condiciones-, pero cuando se dé esa pelea sé que voy a salir con la mano en alto. En esa ocasión me noqueó y al ser la segunda derrota fue la más dolorosa, y muy complicada”, señaló aún con el orgullo herido.

Al preguntarle a su hermano, Rubén, cómo vivieron ese día, voltea al pasado con melancolía para ser breve y con tristeza aún en los ojos decir “me puse mal, mi papá me avisó, es mi hermano y no lo había visto perder así”, pero rectifica “ahorita va bien, me siento feliz por él”.

Una familia de KO’

Uriel aún es un joven con sueños, con alegría al hablar y que con sus hermanos a logrado una gran complicidad, aunque es Rubén, quien lo acompaña a todas partes.

“Antes le ayudaba, le daba un poco más de ‘batalla’, ahora ya es mucha la diferencia, porque cualquier golpe que me da es un ‘bombazo’. Ya no me suben al ring con él porque me puede lastimar. Me gusta estar con él, que sienta el apoyo de su hermano, además cuando viajo con Uriel, siempre conozco ciudades nuevas (ríe)”.

Sus padres Socorro Vallejo y Rubén Pérez, junto con sus dos hermanos, Omar y Rubén siempre han estado apoyándolo.

“Mis papás me apoyan. Si un día no me quiero levantar a correr, mi papá me levanta para ir y mi mamá me prepara buenas comidas. Él (Rubén) me acompaña a todos lados, esta relacionado con el boxeo, vamos juntos, a entrenar, a mis peleas, es como más unión entre hermanos”.

Sobre trabajar con su padre en la esquina le da gusto, pero a la vez es más presión. “Mi papá siempre me dice tira más golpes, haz esto o aquello, a veces no hay necesidad (ríe), aunque me ha ido bien con él”.

Al cuestionarlo sobre como se describe Uriel Pérez señala “soy un boxeador que esta a la mitad de su proceso, pero que avanzo rápido y siento que voy a llegar a un buen boxeo más adelante. Ataco dependiendo del rival, por ello los trabajo de diferente manera”.

El boxeo en Querétaro

Los rivales que ha enfrentado el queretano en lo que va del año están muy bajos de expectativas, pues ninguno ha aguantado a finalizar los round pactados. “Los rivales han estado muy a la mano, no los buscamos así, pero no se han dado algo más, pues lo que nos gusta es dar espectáculo”.

“En el estado, el boxeo al igual que otros deportes no es muy popular como en otras plazas y si alguno sale adelante es más por ganas, pues pocos apuesta realmente por las promesas”.

Los gimnasios son escasos, los recursos aún más, pero con el apoyo de las amistades y familiares es como se ha creado un pequeño auge en las funciones.

“Entre mis planes está tener una pelea en EUA. Yo siento que ganando una pelea allá se tienen más reflectores, aunque hay que estar más preparados, ahorita no me interesa el dinero, me interesa más forjar una carrera”.