El legado de Louise Hay

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“La muerte no es un fracaso. Todos morimos, la muerte forma parte del proceso de la vida”. Louise Hay, quien pronunció tan animosas palabras murió el jueves pasado a los 90 años.

En su libro más conocido, ‘Usted puede sanar su vida’, postula que los pensamientos negativos son fuente de enfermedad, por lo que deberíamos trastocarlos en positivos. Esta obra forma parte de la biblioteca personal de muchos a lo largo y ancho del planeta; 50 millones para ser precisos, que es el número de sus ejemplares vendidos.

Junto con Wayne Dyer, autor de ‘Tus zonas erróneas’, Hay fue una de las pioneras de los llamados libros de autoayuda, vilipendiados por muchos y atesorados por tantos otros.

Dedicó buena parte de su vida a transmitirle su visión positiva de la realidad a los grandes públicos, ayudándolos en la búsqueda de su bienestar interior.

“Yo no soy sanadora –apuntó en una de sus obras –; no sano a nadie. El concepto que tengo de mí misma es el de un peldaño en la senda del autodescubrimiento. Creo un espacio en donde las personas pueden aprender a descubrir sus propios poderes, su sabiduría y su fortaleza interior. Les ayudo a quitar las barreras y obstrucciones que obstaculizan su camino”.

Su deseo de inspirar a otros a creer en sí mismos fue el resultado de su voluntad para salir adelante en su atormentada vida. Víctima de violación y abuso sexual cuando niña, y sobreviviente de un cáncer cervical que puso en peligro su vida, desarrolló su fortaleza interior para sobreponerse a estos obstáculos, de los que muchos otros difícilmente habrían salido incólumes. Lo importante, decía, no es tener problemas sino la manera en que reaccionemos ante ellos.

“Comprendí que tenía el poder de cambiar mi vida si estaba dispuesta a cambiar mis pensamientos y a liberar los hábitos que me retenían en el pasado”, afirmó en una ocasión, ya que entendía a la vida como una jornada en la que debemos aprender a “entrar en nuestro ser interior y ver quiénes somos realmente; saber que tenemos la capacidad de cambiar para mejorar, amándonos y cuidando de nosotros mismos”.

Solía citar el mandato bíblico de ‘ama a tu prójimo como a ti mismo’ como base de su filosofía personal, puesto que no podrías amar a otros si no amas primero a tu propia persona. Al escudriñar en nuestro ser, podremos identificar los bloqueos que suelen obstaculizar nuestro desarrollo personal, tales como enojos, represión, temores y resentimientos.

Definió el resentimiento como la rabia que uno lleva enterrada durante mucho tiempo y lo señaló como el origen de diversas enfermedades: “El principal problema del resentimiento es que se aloja en el cuerpo y, llegado el momento, comienza a carcomer los tejidos. Muchas veces se convierte en tumores y cánceres.” Asimismo, sostenía que los sentimientos reprimidos llevan a la depresión y que si queremos confiar en nosotros mismos debemos superar nuestros temores.

Louise Hay abandonó este plano terrenal, pero el eco de su mensaje reparador seguirá reverberando en aquellos que sintonicen su frecuencia.