Soñando en mexicano

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“No soy de aquí, ni soy de allá…” diría un ‘dreamer’; uno de tantos que jamás consideró un plan B en su esquema que no fuera el de residir toda su vida en Estados Unidos. Esta generación de estadounidenses –en todo menos en papel- que fue educada en el deseo de romper esquemas, hoy ve amenazado su futuro según lo concibió a raíz de la cancelación del programa DACA que los protegía de ser deportados.

Y, para comprender de fondo a estos soñadores latinos criados en la cultura americana y –aún más urgente- para potenciar su posible retorno a México, habría que entender la raíz de los sueños y proyecciones bajo los cuales crecieron.

Muy cierto es que los seres humanos nos atrevemos a soñar a partir de nuestros deseos internos. Deseos que nos sembraron desde la infancia o que hemos conformado a partir de fantasías, ideas o recuerdos a lo largo de la vida. Cuando se nos educa en la proyección de un futuro mejor, anulando aquello que dejamos atrás, percibimos una parte ciertamente limitada del mundo.

Así, los hijos de inmigrantes han conservado de la cultura de sus padres solo lo mexicano que no se contrapone con su proyecto de vida –quinceañeras, tacos, piñatas, mariachis- y desechan naturalmente todo lo demás.

Frases repetidas por los ‘dreamers’ como “México nos quedó a deber y por eso tuvimos que irnos”o “En México no había oportunidades para mi familia” tienen su origen en historias cuyo foco principal se centra en los obstáculos y barreras superadas; historias basadas en el sufrimiento y sacrificio vividos para que ellos tuvieran la oportunidad de llegar a un lugar en el que “sí se puede soñar en grande”. O, por lo menos, eso creían.

¿Y qué sucedió en el camino? ¿Trump, la ambigüedad de un sistema o programas con visión de corto plazo? Podríamos formularnos más de una pregunta al respecto. Por ejemplo, ¿por qué, de los más de 600 mil ‘dreamers’ mexicanos, solo el 3.5 por ciento está actualmente inscrito en universidades cursando una licenciatura?

Y ¿de qué sirvieron 5 años de estancia ‘permitida’ en un país que los encerró en una caja de ilusiones, mientras veían pasar –frente a sus narices- becas que les serían negadas por no ser residentes o clínicas de salud a las que nunca pudieron acudir por no tener los documentos necesarios para un seguro médico?

El hecho es que el “sueño” –o la promesa de este- terminó y los mexicanos enfrentaremos junto con ellos un gran reto a su regreso. No será fácil porque implica para ellos el duelo por lo que no fue y la construcción de una nueva identidad, pero es nuestro deber ayudarlos a modificar la imagen con la que crecieron tan negativa del país en el que nacieron y los vio partir.

Bien dicen que una parte importante del éxito de cualquier acción emprendida inicia en la conversación que sostenemos con nosotros mismos, comprendiendo que no existe tal cosa como “la tierra de las oportunidades”, solo los sueños que se trabajan y no solo se imaginan. Todo esto, sin importar de qué lado esté la frontera.