Por: La Lazarilla
Hay semillas en la tierra que germinan para presenciar la belleza de la historia del mundo, crecen frondosas con la sola intención de alcanzar el cielo mientras disfrutan de la puesta en escena de lo que nosotros llamamos vida.
“Lazzaro feliz” no es más que eso: la fotografía en tiempo circular de esa historia que tantos árboles presencian todos los días. Es entender la escencia misma de una humanidad que recorre el tiempo dejando atrás la simple y bellísima visión de un niño feliz, dejándonos a todos en silencio y sintiendo pena por nosotros mismos al haber renunciado a la dulce ingenuidad e inocencia que lleva siempre a uno a actuar con bondad, todo por encajar en una sociedad que castiga la bondad con halagos desatinados como la “idiotez” o la “estupidez”.
Alice Rohrwacher, directora del filme, nos presenta el espejo de lo que parece ser una antigua finca italiana en donde la marquesa Alfonsina de Luna (Nicoletta Braschi) y su hijo Tancredi (Tomasso Ragno), a diferencia del resto de las familias esclavizadas en la finca, viven rodeados de atenciones y lujos, sin embargo, es el protagonista de la cinta, Lazzaro (Adriano Tardiolo), uno de los labradores esclavizados, quien sufre del mayor maltrato.
Tanto para la Marquesa y Tancredi como para los trabajadores de la finca, la dulzura de Lazzaro es aliciente para aprovecharse de él tanto como les sea posible y es por ello que el personaje de Lazzaro se asemeja tanto a “El idiota” de Dostoyevski.
Siempre dispuesto, afable y feliz, Lazzaro sigue al hijo de la marquesa y, sin cuestionar sus actos, lo ayuda a perpetuar un autosecuestro que termina en tragedia para la marquesa y su hijo, quienes al cabo de unos días acaban siendo perseguidos por la policía al haber sometido a trabajos forzados a los trabajadores de la finca.
Entre viajes circulares a través del espacio y sobre todo del tiempo, vemos a un San Lazzaro caminar entre las montañas, la finca y la carretera, hasta llegar a la ciudad, en donde logra reencontrarse con sus excompañeros de finca, quienes cambiaron en apariencia, pero siguen siendo los mismos de siempre.
“Los humanos son como animales. Libéralos y se dan cuenta de que son
esclavos encerrados en su propia miseria”.
“Lazzaro feliz” (2018)
La entrega de Rohrwarcher es un drama y por consecuencia no tiene un final feliz para el protagonista, sin embargo, el viaje que nos lleva al acto final, llena el corazón de ternura con cada plano.
Con mágicos movimientos de cámara y una mezcla entre actores y no actores, el guión de Rohrwacher muestra ser instantáneamente un clásico moderno de belleza inconmesurable, dejándonos ver lo frágil que somos cuando un sistema nos obliga con crueldad a perder la inocencia.
“Lazzaro feliz” es una de esas historias que cuentan los árboles en el viento, anécdota de una humanidad con esperanza que peca de imperfección por el simple hecho de negarse al placer de renunciar a las comodidades innecesarias por el bien común.
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