En este artículo
- Desde apagones y pandemias hasta disturbios o catástrofes naturales, hay situaciones excepcionales que pueden trastocar en poco tiempo nuestra cómoda vida en la ciudad y ponernos en aprietos si desconocemos unas técnicas básicas de supervivencia
- Reducir riesgos y multiplicar posibilidades
- Claves para un buen racionamiento en situaciones de crisis
- Nuestros datos, el alimento de la economía digital
Desde apagones y pandemias hasta disturbios o catástrofes naturales, hay situaciones excepcionales que pueden trastocar en poco tiempo nuestra cómoda vida en la ciudad y ponernos en aprietos si desconocemos unas técnicas básicas de supervivencia
El exmilitar de unidad de élite Samuel Santamaría prefiere aclarar de entrada que sus propuestas de supervivencia urbana no están dirigidas a los preparacionistas (‘preppers’) extremos, que se entrenan en tácticas de defensa y autosuficiencia, construyen búnkeres y acumulan alimentos para sobrevivir al fin del mundo o desastres de proporciones apocalípticas.
Santamaría se centra en aportar a esas personas responsables los conocimientos clave para que puedan resistir, tomar decisiones y evitar el pánico en entornos urbanos colapsados, todo lo cual describe detalladamente en su libro “Manual de supervivencia urbana”, incluyendo simulacros, hojas de misión y estrategias que cualquier ciudadano puede ensayar y aplicar desde ahora.
Los kits de emergencia (portátil, doméstico y vehicular); la fortificación del hogar; la comunicación sin redes; la iluminación alternativa; el plan familiar para afrontar crisis; la captación, almacenamiento y purificación de agua; la conservación, racionamiento y cocinado de alimentos; la higiene y primeros auxilios; la defensa personal básica; y los desplazamientos seguros son herramientas claves de supervivencia, asegura.
Con más de 30 años de experiencia en supervivencia y combate en entornos urbanos, este exmilitar participó en las misiones Libertad Duradera, tras los atentados del 11-S; y MINUSTAH de Naciones Unidas en Haití, y formó parte del dispositivo de intervención durante los atentados del 11-M en Madrid.
Reducir riesgos y multiplicar posibilidades
“La supervivencia urbana (SU) es la capacidad de adaptarse, actuar con criterio y mantener la seguridad personal y familiar en entornos urbanos durante situaciones de crisis, emergencias o colapsos temporales de los servicios básicos, para reducir los riesgos y multiplicar las posibilidades de salir adelante”, explica Santamaría.
Esto incluye estar preparado para el acceso limitado a alimentos; tener un plan familiar y un kit básico de emergencia; mantener la calma; y tomar decisiones acertadas, pero excluye actuar por miedo o violencia; aislarse del entorno o de la comunidad; acumular sin sentido o caer en teorías alarmistas, según apunta.
Sobrevivir en una ciudad cuando sobreviene el caos, también implica “recuperar una parte del sentido común que hemos ido dejando de lado en una sociedad cada vez más dependiente, acelerada y cómoda”, según añade.
Santamaría explica que aprender la SU es necesario, porque las ciudades parecen autosuficientes, pero están interconectadas y son frágiles frente a incidentes como apagones masivos, fallos en las telecomunicaciones, cortes de suministro de agua o gas, colapso del transporte público, emergencias sanitarias, protestas sociales o disturbios, y catástrofes naturales o tecnológicas.
“En estas situaciones, la mayoría de la población no sabe cómo actuar más allá de las primeras horas, ya que carece de recursos, de formación y de un plan”, enfatiza.
“Actuar con calma cuando otros se bloquean; tomar decisiones lógicas bajo presión; tener la actitud, herramientas y conocimientos necesarios para superar un imprevisto; saber cómo improvisar con lo que se tiene, priorizar lo esencial y cuidar de los tuyos; ser autosuficiente, aunque sea unas horas o unos días, es una ventaja poderosa”, destaca este exmilitar.
Claves para un buen racionamiento en situaciones de crisis
- Establece porciones fijas por persona y día.
- Este experto recomienda “definir desde el principio cuántas calorías necesita cada persona (según edad, peso y nivel de actividad); dividir los alimentos de forma diaria o semanal para prolongar las reservas, por ejemplo; y preparar bolsas diarias con raciones ya divididas.
- Prioriza los alimentos con alto valor calórico y nutritivo.
- Aprovecha sobras, aguas de cocción, huesos, cortezas para hacer sopas.
Divide las comidas en dos o tres tomas diarias
Comer solo una vez al día tiende a agotar las reservas de energía y disminuir el ánimo, por lo que Santamaría aconseja “repartir el alimento en dos o tres comidas (aunque sean pequeñas) para mantener estables los niveles de glucosa y la motivación, y tomar una infusión con algo sólido entre comidas para aportar sensación de saciedad y rutina”.
Combina cereales con legumbres para obtener proteínas
Cuando se complementan, los cereales y las legumbres aportan aminoácidos esenciales y proteínas de alta calidad comparables a los animales, según este exmilitar, que recomienda preparar combinaciones clásicas como arroz con lentejas, pan con hummus o tortilla de garbanzo con avena; o también mezclar arroz, lentejas y zanahoria en conserva, las cuales vienen en frascos fáciles de almacenar.
Simulacro: una noche sin electricidad, agua ni gas
Santamaría también sugiere experimentar una noche completa sin acceso a electricidad, agua corriente ni gas, utilizando únicamente recursos alternativos de iluminación, cocina, higiene y comunicación preparados con antelación.
En ese contexto, “simula el momento en que te das cuenta de que no tienes electricidad, agua ni gas, y que la situación podría prolongarse durante toda la noche. Durante la noche, no debes utilizar ningún recurso que dependa de los suministros interrumpidos, usando solamente los recursos alternativos previamente preparados”, indica.
El exmilitar recomienda “registrar con detalle las actividades realizadas durante el simulacro, así como los recursos utilizados, las dificultades encontradas y las soluciones implementadas”.
Por último, este experto aconseja efectuar una evaluación del simulacro: “¿Pudiste cocinar, comunicarte y sentirte seguro durante la noche? ¿Cuáles fueron los mayores retos que enfrentaste? ¿Qué recursos resultaron esenciales y cuáles fueron innecesarios? ¿Qué mejoras se podrían implementar en la preparación general para futuras situaciones similares?”.