¿Quién cuida a quienes nos cuidaron?

Recientemente vi a mi abuelo materno. Pasé una tarde muy agradable platicando con él, escuchando y disfrutando de esas conversaciones que solo el tiempo y la experiencia pueden regalarte. Y salí pensando en algo que durante este mes también ha estado muy presente para mí. 

Agosto me dio la oportunidad de convivir y conversar con distintos grupos de adultos mayores. Escuché historias, necesidades, preocupaciones y también esa manera tan particular que tienen quienes han vivido mucho de poner las cosas en perspectiva. 

Y el 28 de agosto, que celebramos en México el Día de las Abuelas y los Abuelos, creo que vale la pena hacernos una pregunta: 

¿Quién está cuidando a quienes durante tantos años cuidaron de nosotros? 

Hablar de nuestros adultos mayores no puede limitarse a celebrar un día, tomarnos una fotografía o agradecerles por sus consejos. También significa mirar su realidad. 

Hay quienes llegan a esta etapa con una pensión, una familia cercana y cierta estabilidad. Pero también existen quienes siguen trabajando porque necesitan hacerlo; quienes enfrentan dificultades para realizar trámites; quienes dependen de alguien para trasladarse; quienes viven solos o quienes simplemente necesitan ser escuchados. 

Y ahí entendí algo importante: acompañar también es una política de cuidado. 

Los programas sociales son necesarios, pero el apoyo económico por sí solo no resuelve todas las necesidades de una persona. Hace falta proximidad, acceso sencillo a servicios, salud, inclusión, movilidad, espacios de convivencia, oportunidades para mantenerse activos. Y, sobre todo, una sociedad que no confunda cumplir años con dejar de tener algo que aportar. 

Porque nuestros adultos mayores no son solamente personas a quienes debemos cuidar. 

También son experiencia que debemos escuchar. 

Son quienes trabajaron cuando nosotros todavía no estábamos aquí. Quienes levantaron negocios, formaron familias, enseñaron oficios, cultivaron la tierra, construyeron comunidades y participaron durante décadas en la economía y en la vida de nuestro país. 

Mucho de lo que hoy disfrutamos existe porque alguien antes trabajó para construirlo. Por eso creo que tenemos que dejar de pensar en la vejez únicamente desde la asistencia y empezar a verla también desde la dignidad, la autonomía y la participación. 

Necesitamos una sociedad donde llegar a ser adulto mayor no signifique volverse invisible. 

Donde realizar un trámite no sea una carrera de obstáculos. 

Donde quien necesite seguir trabajando pueda encontrar oportunidades adecuadas. 

Donde la experiencia tenga un lugar y donde la soledad nunca sea el precio de envejecer. 

Después de escuchar a tantos adultos mayores durante estas semanas, me queda claro que todavía tenemos mucho por hacer. 

Y quiero ser propositivo frente a ello. 

Escuchar primero, entender sus necesidades y convertir esas conversaciones en ideas que puedan mejorar su vida cotidiana. Porque ellos ya hicieron mucho por nosotros. Ahora nos corresponde preguntarnos qué podemos hacer nosotros por ellos. 

Este Día de las Abuelas y los Abuelos quiero reconocer a personas hechas de trabajo, experiencia, carácter, paciencia, historias y amor. Personas Hechas de México

A quienes nos enseñaron de dónde venimos y que todavía tienen mucho que decir sobre hacia dónde podemos ir. 

Soy Pancho Domínguez Castro. Y hoy quiero dejarte una invitación muy sencilla: visita a tus abuelos, llámales, pregúntales cómo están y, sobre todo, escúchalos. Porque quizá el mejor homenaje que podemos hacerles no sea recordar todo lo que hicieron por nosotros, sino demostrarles que siguen siendo parte fundamental de nuestro presente. 

¿Cuántas oportunidades merece una persona?