La patria está herida

Mi hijo me preguntó si ya tenía lista la bandera que solemos colocar en septiembre, año con año, afuera de la casa. Me gusta que sea grande para que las ráfagas de viento que hay en Querétaro choquen contra ella y la hagan ondear una y otra vez en un movimiento continuo, casi mágico.

Sin pensarlo respondí que sí, y ahora que lo medito, creo que, más que nunca, necesito ver el ir y venir de ese lienzo tricolor para convencerme a mí misma de que no importa cuántas veces haya sido mancillada, ella seguirá alzándose fuerte, imponente y digna.

Mañana llegará septiembre y, por más júbilo que estalle en las calles, por más borrachera colectiva que haya, por más gritos de ¡Viva México, cabrones!, encontrará una patria herida; no nos engañemos.

Los malos gobernantes, emanados de todos los partidos políticos, han lacerado progresivamente nuestros símbolos patrios, nuestra identidad, nuestras instituciones y nuestra soberanía; el daño estructural ha sido inmenso.

Andrés Manuel López Obrador prometió, al rendir protesta el 1 de septiembre de 2018, construir una nueva patria:  “Vamos en el camino de lograr el renacimiento de México, nos vamos a convertir en una potencia económica y, sobre todo, en un país modelo que habrá de demostrar al mundo que acabar con la corrupción es posible; y así lo haremos, porque de esa manera construiremos una sociedad más justa, democrática, fraterna y siempre alegre”… Sin embargo, hoy, a ocho años de haber sido instaurado un nuevo régimen, constatamos que todo fue una ficción, un delirio, una ilusión, una alucinación… ¡una mentira!

Y pregonaba que nada había dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que había lucrado con el influyentismo. “Me comprometo a no robar y a no permitir que nadie se aproveche de su cargo o posición para sustraer bienes del erario o hacer negocios al amparo del poder público. Esto aplica para amigos, aplica para compañeros de lucha y familiares”, afirmaba mientras “Andy” y su camarilla (Daniel Asaf, Jorge Amílcar Olán, Antonio Martínez Dagnino, Alejandro Calderón Alipi, Alex Tonatiuh Márquez, Hugo Buentello Carbonell, etc.) se beneficiaban con proyectos emblemáticos de su administración.

También decía que, contrario a lo que pudiera suponerse, en la nueva etapa no se perseguiría a nadie, porque no le apostaba “al circo ni a la simulación”, pero ahí está la larga lista de políticos de oposición, activistas y periodistas hostigados, incluso expuesta en Palacio Nacional por la actual consejera jurídica de la presidencia, Luisa María Alcalde.

El expresidente alardeaba con que si sus seres queridos, esposa o hijos, cometían un delito, “deberán ser juzgados como cualquier otro ciudadano”, pero hoy vemos como un enorme manto protector los cubre. 

“También transitaremos hacia una verdadera democracia; se acabará la vergonzosa tradición de fraudes electorales. Las elecciones serán limpias y libres y quien utilice recursos públicos o privados para comprar votos y traficar con la pobreza de la gente o el que utilice el presupuesto para favorecer a candidatos o partidos, irá a la cárcel sin derecho a fianza”, afirmaba. En contraste, hoy los conceptos ligados a la democracia, soberanía popular, derechos humanos, estado de derecho, pluralismo e inclusión han sido cambiados a conveniencia, porque  para el régimen de la 4T significan, en los hechos, concentración del poder, debilitamiento y desaparición de instituciones y extinción de organismos autónomos.

Cual canción de Timbiriche: “Tú y yo somos uno mismo” los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial son hoy en México una masa homogénea, fundida bajo los intereses de Morena, los cuales no necesariamente representan los del pueblo, aunque digan lo contrario.

Andrés Manuel prometió asimismo que mantendría “buenas relaciones con todos los pueblos y gobiernos del mundo”… y, pues, el chiste se cuenta solo.

Igualmente, declaró oficialmente el fin de la guerra contra el narcotráfico: “Vamos a conseguir la paz", dijo, pero sus “abrazos no balazos” no lograron que el crimen organizado se “portara bien”; el acusar a los delincuentes con “sus papás y sus abuelos” sirvió para dos cosas; el "prácticamente se acabó con el huachicol" fue uno de sus mayores engaños.

Nuestro país, nuestras instituciones y los gobiernos han sido penetrados y absorbidos por la delincuencia… y también son, en este momento, en gran parte del territorio nacional, “uno mismo”.

Nuestra patria está herida, sí, y septiembre es un buen motivo para reflexionar sobre lo que podemos hacer por ella… o simplemente podemos ratificar lo descrito por Octavio Paz en el “Laberinto de la Soledad”: “Cada año, el 15 de septiembre a las 11 de la noche, en todas las plazas de México celebramos la Fiesta del Grito; y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año”… aunque eso signifique que las llagas continúen supurando.

Sepultura digna…